Anastasio, llamado «el apocrisiario», fue un sacerdote del siglo VII que sirvió como apocrisiario, es decir, representante o legado de la Iglesia de Roma ante la corte imperial de Constantinopla. Su nombre está unido al de san Máximo el Confesor, el gran teólogo bizantino, del que fue discípulo y compañero en la defensa de la fe.
En aquella época los emperadores de Constantinopla apoyaban el monotelismo, una doctrina que sostenía que en Cristo había una sola voluntad, la divina, y que en la práctica oscurecía su verdadera humanidad. Máximo y sus discípulos, entre ellos dos que se llamaban Anastasio, se opusieron con firmeza, en sintonía con el papa san Martín I. Fueron arrestados, juzgados varias veces en Constantinopla y desterrados a Tracia. En el año 662 fueron condenados de nuevo: les cortaron la lengua y la mano derecha para impedirles predicar y escribir, y los enviaron al exilio en Lacia, en la región del Cáucaso, junto al mar Negro.
Máximo murió ese mismo año, y el monje Anastasio poco antes. Anastasio el apocrisiario sobrevivió unos años más en el destierro, en distintas fortalezas de la zona, y según la tradición murió en el año 666 cerca de la fortaleza de Suania mientras celebraba la liturgia. La doctrina que defendieron fue confirmada por el tercer Concilio de Constantinopla en 680-681. Se le venera como confesor de la fe.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.