
Amado fue obispo de Sion, en el Valais, en la actual Suiza, en la segunda mitad del siglo VII, en la época merovingia. Antes de su episcopado había sido monje, probablemente en la abadía de Agauno (Saint-Maurice). Se sabe muy poco de su labor pastoral; las fuentes se ocupan sobre todo del destierro que sufrió.
Hacia el año 676, por motivos que se desconocen, el rey franco Teoderico III lo desterró y lo confió a la custodia de los monjes de Péronne, en el norte de Francia, cuyo abad era entonces san Ultano, hermano del monje irlandés san Fursy. Cuando murió Ultano, Amado fue entregado a san Mauronto, que acababa de fundar la abadía de Breuil, en la región de Flandes, en el actual Merville. Según los relatos, Mauronto recibió al obispo con gran respeto, consciente de la injusticia de su situación, y lo trató más como maestro que como prisionero. Amado vivió en una celda junto a la iglesia, entregado a la oración y la contemplación, y animó con su ejemplo a la comunidad a la humildad y el fervor. A esta etapa pertenece también una leyenda popular sobre su capa colgada de un rayo de sol, que la tradición ha conservado.
Murió en Breuil hacia el año 690. Durante siglos los martirologios lo confundieron con un obispo de Sens de nombre parecido, por la semejanza de los nombres latinos de ambas ciudades. Se le venera en Flandes francesa, especialmente en Merville, y en el Valais. Su memoria se celebra el 13 de septiembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.