
Sebastián Calvo Martínez y sus cinco compañeros eran misioneros claretianos que formaban parte de la comunidad de Barbastro (Huesca) al comenzar la Guerra Civil. El 20 de julio de 1936 los milicianos ocuparon la casa y detuvieron a todos los religiosos, la mayoría estudiantes a punto de ser ordenados, a quienes encerraron en el salón de actos del colegio de los escolapios.
Sebastián Calvo, nacido en 1903 en Gumiel de Izán (Burgos), era sacerdote, profesor y predicador de misiones populares. Con él estaban otros tres sacerdotes: Pedro Cunill Padrós, de Vic, que había quedado como superior tras la detención de los responsables de la casa; José Pavón Bueno, de Cartagena, maestro y perito mercantil que había llegado ese verano para dar un cursillo a los estudiantes; y Nicasio Sierra Ucar, de Cascante (Navarra). Completaban el grupo el subdiácono Wenceslao Clarís Vilaregut y el hermano Gregorio Chirivás Lacambra.
Durante las semanas de cautiverio se les ofreció salvar la vida si renunciaban a su condición religiosa, y no aceptaron. En la madrugada del 12 de agosto de 1936 los seis fueron sacados y fusilados; sus compañeros oyeron las descargas desde el salón. Forman parte de los 51 mártires claretianos de Barbastro, beatificados por Juan Pablo II en Roma el 25 de octubre de 1992. Su historia es muy conocida por los escritos que los estudiantes dejaron durante su encierro.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.