
Reinaldo de Concorezzo, en italiano Rinaldo da Concorezzo, nació en Milán hacia mediados del siglo XIII en una familia noble. Se formó en derecho en Bolonia y llegó a tener fama de jurista; después entró al servicio de la Curia romana, primero junto a un cardenal milanés y luego como capellán del papa Bonifacio VIII, que en 1296 lo nombró obispo de Vicenza. Le fueron confiadas misiones diplomáticas en Francia e Inglaterra y el gobierno de la Romaña, una región sacudida por continuas luchas, donde llegó a ser herido gravemente cuando intentaba pacificar a las facciones.
En 1303 fue elegido arzobispo de Ravena, sede que gobernó hasta su muerte. Fue un pastor reformador: celebró varios concilios provinciales, visitó las parroquias, cuidó la disciplina del clero y la predicación en lengua popular, y restauró la catedral. Su nombre ha quedado unido sobre todo al proceso contra los templarios: en el concilio de Ravena de 1311 declaró inocentes a los caballeros de su provincia y rechazó como prueba las confesiones obtenidas mediante tortura, en un momento en que el rey de Francia presionaba para condenarlos.
En sus últimos años, enfermo, se retiró al castillo de Argenta, desde donde siguió atendiendo la diócesis. Murió allí el 18 de agosto de 1321 y fue sepultado en Ravena. Su culto fue confirmado por el papa Pío IX en 1852.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.