
El beato Bartolomé de Breganza fue un fraile dominico y obispo italiano del siglo XIII, muy ligado a la historia de Vicenza, su ciudad natal. Estudió en la Universidad de Padua y, según la tradición de la orden, recibió el hábito de los Predicadores en los primeros años de la orden, cuando santo Domingo aún vivía. Fue prior en varios conventos y se distinguió como predicador en una época de luchas violentas entre güelfos y gibelinos en el norte de Italia.
Hacia mediados de siglo fue nombrado obispo en Chipre, entonces bajo un reino cruzado, y allí trabó amistad con el rey san Luis de Francia, que se encontraba en Tierra Santa. Más tarde actuó como legado pontificio ante el rey de Inglaterra, y en esa misión pasó por París, donde Luis IX le regaló una espina de la corona de Cristo. De vuelta en Vicenza, levantó para guardarla la iglesia de Santa Corona, que aún existe.
En 1256 el papa Alejandro IV lo trasladó a la sede de Vicenza. Tuvo que enfrentarse a Ezzelino da Romano, el poderoso señor gibelino que dominaba la región y que lo obligó a dejar la ciudad durante un tiempo. Tras la caída del tirano, Bartolomé se dedicó a reconstruir iglesias, pacificar a las ciudades vecinas y promover asociaciones de laicos para la defensa de la fe. Murió en Vicenza hacia 1270 y fue enterrado en Santa Corona. Su culto fue confirmado por la Santa Sede en 1793.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.