
Catherine Symon de Longprey nació el 3 de mayo de 1632 en Saint-Sauveur-le-Vicomte, en Normandía (Francia), en una familia acomodada. Se crió sobre todo con sus abuelos maternos, que atendían a enfermos y pobres en su propia casa, y desde niña mostró una piedad muy precoz. Con apenas doce años entró como postulante en el monasterio de las Agustinas Hospitalarias de la Misericordia de Jesús en Bayeux, donde la orientó espiritualmente san Juan Eudes, y en 1646 tomó el hábito.
Cuando la comunidad recibió la petición de enviar religiosas al Hôtel-Dieu de Quebec, en la Nueva Francia, se ofreció con insistencia, venciendo la oposición inicial de su padre. Profesó con el nombre de María Catalina de San Agustín y en 1648, con dieciséis años, cruzó el Atlántico. En Quebec trabajó como enfermera, aprendió lenguas de los pueblos indígenas que acudían al hospital y desempeñó cargos de responsabilidad: administradora, ecónoma y maestra de novicias. Sus biógrafos, entre ellos su confesor jesuita, destacan su vida mística y las duras pruebas interiores que soportó con serenidad.
Murió de tuberculosis en Quebec el 8 de mayo de 1668, con solo 36 años. Juan Pablo II la beatificó el 23 de abril de 1989. Se la considera una de las fundadoras de la Iglesia en Canadá, junto a figuras como María de la Encarnación o Francisco de Laval, y es especialmente venerada en Quebec, donde se conservan sus restos en el monasterio de las Agustinas.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.