
María Ana Rivier nació el 19 de diciembre de 1768 en Montpezat, en la región francesa del Vivarais. Siendo muy pequeña sufrió una caída que la dejó sin poder andar durante años; su madre la llevaba cada día a una capilla cercana dedicada a la Virgen de la Piedad, y la niña recuperó la capacidad de caminar en 1774, algo que ella atribuyó siempre a la intercesión de María. De constitución menuda y frágil, mostró sin embargo una energía extraordinaria.
Desde joven se dedicó a enseñar a niñas y a reunir a las mujeres de su pueblo para rezar. Durante la Revolución Francesa, cuando el culto estaba perseguido, animaba clandestinamente las reuniones dominicales. En 1794 se estableció en Thueyts y, mientras los conventos eran cerrados, el 21 de noviembre de 1796, fiesta de la Presentación de la Virgen, se consagró a Dios con cuatro compañeras. Así nació la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María, dedicada a la educación cristiana de la juventud, a la catequesis de adultos y a la atención de huérfanos.
El instituto creció con rapidez y en 1819 trasladó su casa madre a Bourg-Saint-Andéol, a orillas del Ródano. Allí murió la fundadora el 3 de febrero de 1838, dejando más de un centenar de comunidades. Juan Pablo II la beatificó el 23 de mayo de 1982. Sus restos se veneran en Bourg-Saint-Andéol, y sus hermanas trabajan hoy en Europa, América, Asia y África.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.