
Juana Soderini nació en Florencia en 1301, en el seno de una de las familias nobles más influyentes de la ciudad. Creció en una época de fuertes divisiones políticas entre las facciones florentinas, y sus padres esperaban casarla con un caballero de su rango. Ella, sin embargo, deseaba consagrarse a Dios y, tras vencer la resistencia familiar, pudo seguir su vocación.
Se unió al grupo de mujeres que se había formado en torno a santa Juliana Falconieri, fundadora de la rama femenina de la Orden de los Siervos de María, las llamadas Mantellatas, dedicadas a la oración, la penitencia y el servicio a los necesitados. Juana se convirtió en una de sus discípulas más cercanas y la acompañó en sus últimos años. Tras la muerte de Juliana, en 1341, ella misma llegó a guiar a la comunidad florentina.
Las crónicas de la orden la describen como una mujer humilde, entregada a la oración, al cuidado de los enfermos y a la atención de los pobres de Florencia, ciudad castigada en aquellos años por la peste. Murió el 1 de septiembre de 1367 y su memoria quedó ligada a la basílica de la Santísima Anunciación de Florencia, iglesia principal de los servitas. La orden de los Siervos de María la venera como una de sus beatas, y su culto fue confirmado por la Santa Sede en el siglo XIX.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.