Día 1 de 9

Primer día — Decirlo

  1. Oración de todos los días

    Señor, esto es más fuerte que yo.

    Dame este día limpio. Solo este.
    Mañana volveré a pedírtelo.

    Pon a mi lado a alguien que me ayude de verdad,
    y dame humildad para dejarme ayudar.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 31,3-6

    3 Dichoso el hombre a quien el Señor no arguye de pecado; y cuya alma se halla exenta de dolo. 4 Por haber yo callado, se consumieron mis huesos, dando alaridos todo el día. 5 Porque de día y de noche me hiciste sentir tu pesada mano. Revolcábame en mi miseria, mientras tenía clavada la espina. 6 Te manifesté mi delito, y dejé de ocultar mi injusticia. Confesaré, dije yo, contra mí mismo al Señor, la injusticia mía; y tú perdonaste la malicia de mi pecado.
  3. Meditación del día 1

    Hoy toca decir la palabra exacta delante de Dios, sin rebajarla: alcohol, juego, pastillas, pantalla.

    El salmista describe lo que le pasaba mientras callaba su culpa: se le consumían los huesos, gemía todo el día, sentía de día y de noche una mano pesada encima. Solo cuando dejó de esconderse y lo dijo en voz alta, encontró alivio. El primer paso no fue arreglarlo todo, sino nombrarlo.

    Con las adicciones pasa lo mismo. Se suele hablar con rodeos: «me paso un poco», «es para relajarme», «lo controlo», «todo el mundo lo hace». Mientras se usan esas palabras, la adicción sigue escondida. Decir la palabra exacta —alcohol, cocaína, juego, apuestas en línea, pastillas, pornografía, pantalla— no es humillarse. Es quitarle a la adicción el disfraz.

    No hace falta decírselo hoy a todo el mundo. Basta con empezar delante de Dios, que ya lo sabe y no se escandaliza. Si lo rezas por otra persona, también puedes nombrar con claridad lo que le está pasando, sin minimizarlo ni dramatizarlo. Ponerle nombre es la base para buscar después la ayuda adecuada. Lo que no se nombra, no se puede tratar.

  4. Petición

    Señor, esto es lo que me tiene atado: (dilo ahora).
    Amén.

  5. Oración final

    San Maximiliano Kolbe, san Camilo de Lelis,
    rogad por los que están esclavizados por algo.

    Señor, tú viniste a dar libertad a los cautivos:
    libra a N. y sostén a su familia.
    Amén.

Mañana toca el día 2. Vuelve a esta hora.