Día 7 de 9

Séptimo día — Los pastores

  1. Oración de todos los días

    Benignísimo Dios de infinita caridad,
    que tanto amaste a los hombres
    que les diste en tu Hijo la prenda de tu amor:
    te damos gracias por ese beneficio inmenso.

    Dígnate, Señor, disponer nuestros corazones
    para recibir en ellos al que viene a nacer.

    Ven, Salvador nuestro, no tardes;
    ven a esta casa, que te espera.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lucas 2,8-14

    8 Estaban velando en aquellos contornos unos pastores, y haciendo centinela de noche sobre su grey. 9 Cuando de improviso un ángel del Señor apareció junto a ellos, y cercólos con su resplandor una luz divina, lo cual los llenó de sumo temor. 10 Díjoles entonces el ángel: No tenéis que temer: pues vengo a daros una nueva de grandísimo gozo para todo el pueblo: 11 y es, que hoy os ha nacido en la ciudad de David, el salvador, que es el Cristo, el Señor nuestro. 12 Y sírvaos de señal, que hallaréis al Niño envuelto en pañales, y reclinado en un pesebre. 13 Al punto mismo se dejó ver con el ángel un ejército numeroso de la milicia celestial, alabando a Dios, y diciendo: 14 Gloria a Dios en lo alto de los cielos, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
  3. Meditación del día 7

    La noticia se la dan primero a unos pastores, que en su tiempo no valían como testigos en un juicio. A los que nadie creería les confían lo más importante.

    Dios suele empezar por donde nosotros no miramos.

    Los pastores estaban trabajando: turno de noche, al aire libre, vigilando el rebaño. No estaban en el templo ni preparados para nada especial. La noticia les llega en medio de la rutina, y lo primero que sienten es miedo. El ángel tiene que empezar diciendo «no tenéis que temer».

    La señal que les dan es decepcionante si se piensa bien: un niño envuelto en pañales y acostado en un comedero de animales. Nada de palacio ni de corona. Se les pide que reconozcan a Dios en algo completamente corriente, y lo hacen. Gente sin estudios ni prestigio entiende lo que los sabios de Jerusalén no vieron.

    Piensa en quiénes trabajan esta noche mientras tú rezas: el vigilante del edificio, la enfermera de turno, el taxista, el que reparte domicilios en moto bajo la lluvia. A ellos también les habla Dios, y a lo mejor les habla primero. Y si tú eres de los que trabajan en diciembre mientras los demás celebran, recuerda que el primer anuncio de la Navidad se hizo exactamente en esas condiciones.

  4. Petición

    Señor, avísanos como a los pastores,
    en medio del trabajo y de noche.
    Que sepamos reconocerte en la gente
    que no cuenta para nadie.
    Amén.

  5. Oración final

    Dulce Jesús mío, mi niño adorado,
    ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

    Oh sapientísimo Verbo del Padre,
    ven a enseñarnos la prudencia.
    Oh Emmanuel, Dios con nosotros,
    ven a estar con nosotros.

    Y tú, Virgen María, y tú, san José,
    rogad por esta casa
    que os espera cada diciembre.
    Amén.

Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.