Día 6 de 9

Sexto día — El pesebre

  1. Oración de todos los días

    Benignísimo Dios de infinita caridad,
    que tanto amaste a los hombres
    que les diste en tu Hijo la prenda de tu amor:
    te damos gracias por ese beneficio inmenso.

    Dígnate, Señor, disponer nuestros corazones
    para recibir en ellos al que viene a nacer.

    Ven, Salvador nuestro, no tardes;
    ven a esta casa, que te espera.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Filipenses 2,5-11

    5 Porque habéis de tener en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo, 6 el cual teniendo la naturaleza de Dios, no fue por usurpación sino por esencia, el ser igual a Dios; 7 y no obstante, se anonadó a Sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y reducido a la condición de hombre. 8 Se humilló a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual también Dios le ensalzó, y le dio nombre superior a todo nombre: 10 al fin de que FILIPENSES al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno, 11 y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.
  3. Meditación del día 6

    Nace en el sitio donde comen los animales, envuelto en trapos. Si Dios eligió empezar así, no hay pobreza que lo espante ni casa demasiado humilde para él.

    El pesebre de barro que tenemos delante dice eso y no otra cosa.

    Pablo dice que Cristo «se anonadó»: se vació, se hizo pequeño, tomó la forma de siervo. El pesebre es la primera imagen de ese movimiento hacia abajo, y la cruz será la última. Entre una y otra no hay un solo momento en que Jesús busque el sitio de los importantes.

    Eso choca con diciembre, que es el mes en que más se mide lo que cada uno tiene: el regalo que se pudo comprar, la ropa del 24, la casa decorada, el viaje. Muchas familias se endeudan por no quedar mal, y enero llega con la tarjeta reventada y las mismas peleas de siempre. Pablo empieza el pasaje pidiendo los mismos sentimientos de Cristo, no los mismos adornos que el vecino.

    Mira hoy el pesebre que tienes delante, con sus figuras desportilladas y el musgo de cada año. Ahí no hay nada que impresione a nadie, y es justamente lo que Dios eligió. Si este año no hay dinero para mucho, no te avergüences delante de tus hijos. Enséñales que la Navidad no se mide por lo que hay debajo del árbol, porque el primero que la vivió no tenía ni cuna.

  4. Petición

    Señor, tú naciste en lo más pobre.
    No nos dejes despreciar a nadie por lo que tiene.
    Bendice a las familias que este año
    no pueden poner nada debajo del árbol.
    Amén.

  5. Oración final

    Dulce Jesús mío, mi niño adorado,
    ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

    Oh sapientísimo Verbo del Padre,
    ven a enseñarnos la prudencia.
    Oh Emmanuel, Dios con nosotros,
    ven a estar con nosotros.

    Y tú, Virgen María, y tú, san José,
    rogad por esta casa
    que os espera cada diciembre.
    Amén.

Mañana toca el día 7. Vuelve a esta hora.