Día 8 de 9

Octavo día — El don de temor de Dios

  1. Oración de todos los días

    Ven, Espíritu Santo,
    llena los corazones de tus fieles
    y enciende en ellos el fuego de tu amor.

    Envía tu Espíritu y todo será creado,
    y renovarás la faz de la tierra.
    Amén.

  2. Lectura del día

    1 Juan 4,16-21

    16 Nosotros asimismo hemos conocido, y creído el amor que nos tiene Dios. Dios es caridad; y el que permanece en la caridad, en Dios permanece, y Dios en él. 17 En esto está la perfecta caridad de Dios con nosotros, que nos da confianza para el día del juicio, pues que como Él es, así somos nosotros en este mundo. 18 En la caridad no hay temor; antes la perfecta caridad echa fuera al temor servil, porque el temor tiene pena; y así, el que teme, no es consumado en la caridad. 19 Amemos, pues, a Dios, ya que Dios nos amó el primero. 20 Si alguno dice: Sí, yo amo a Dios, al paso que aborrece a su hermano, es un mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ve, ¿a Dios, a quien no ve, cómo podrá amarle? 21 Y tenemos este mandamiento de Dios: que quien ama a Dios, ame también a su hermano. La fe vence al mundo
  3. Meditación del día 8

    No es miedo al castigo: es el cuidado de no hacer daño a quien se quiere. El mismo cuidado que se tiene con la gente de casa.

    Juan dice algo que parece contradecir el título de hoy: en el amor no hay temor, y el amor perfecto lo echa fuera. Hay que entender de qué temor habla. El miedo del esclavo al castigo sobra. El cuidado del que ama no sobra nunca. Por eso este don se llama temor y no tiene nada que ver con el terror.

    Piensa en cómo cuidas a alguien a quien quieres mucho: no le dices ciertas cosas, no haces planes sin contar con él, te duele haberle fallado aunque nadie se entere. Eso es lo que el Espíritu quiere que tengas con Dios. No esconderse por miedo, sino no querer herir.

    Y Juan cierra con una prueba difícil de esquivar: quien dice que ama a Dios y odia a su hermano miente. El respeto a Dios se mide en la mesa de casa, en la oficina y en la fila del banco. No se puede ser muy devoto en misa y despreciar a la empleada doméstica al volver.

  4. Petición

    Dame ese temor tuyo:
    quítame el descaro de pecar sin pensarlo
    y dame el respeto de quien no quiere herir a quien ama.
    Amén.

  5. Oración final

    Ven, Espíritu Creador,
    visita las almas de tus fieles;
    llena de la divina gracia los corazones
    que tú mismo has creado.

    Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles
    con la luz del Espíritu Santo:
    haz que sintamos siempre en él nuestro consuelo
    y gocemos de su gracia.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.