Día 7 de 9

Séptimo día — El don de piedad

  1. Oración de todos los días

    Ven, Espíritu Santo,
    llena los corazones de tus fieles
    y enciende en ellos el fuego de tu amor.

    Envía tu Espíritu y todo será creado,
    y renovarás la faz de la tierra.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Romanos 8,14-17

    14 Siendo cierto que los que se rigen por el espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. 15 Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para obrar todavía solamente por temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción de hijos, en virtud del cual clamamos con toda confianza: Abba, esto es, ¡Oh Padre mío! 16 Y con razón; porque el mismo espíritu de Dios está dando testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y siendo hijos, somos también herederos: herederos de Dios, y coherederos con Cristo: con tal, no obstante, que padezcamos con Él, a fin de que seamos con Él glorificados.
  3. Meditación del día 7

    Es tratar a Dios como Padre y no como jefe, y a los demás como hermanos y no como competencia.

    Pablo usa una palabra aramea que los primeros cristianos conservaron sin traducir: Abba, que es como un niño llama a su padre. No un título, sino un nombre de casa. Y dice que esa confianza no la fabricamos nosotros: es el Espíritu quien la pone en la boca.

    Hay quien reza como quien presenta un informe al jefe: cumplido el número de oraciones, entregado el encargo, a ver si me sube el sueldo. Eso no es piedad, es miedo con buenos modales. Pablo habla de no haber recibido un espíritu de esclavos. Si alguien te enseñó un Dios que vigila para castigar, este don viene a corregirlo.

    Pero la palabra hijos lleva otra detrás: herederos juntos. Si Dios es Padre de todos, el compañero que compite por tu puesto, el vecino que no soportas y el extranjero que limpia tu calle están en la misma herencia. Por eso la piedad se nota también en cómo hablas de los demás cuando no están delante.

  4. Petición

    Dame piedad:
    que te rece con confianza y no por cumplir,
    y que no mire a nadie de arriba abajo.
    Amén.

  5. Oración final

    Ven, Espíritu Creador,
    visita las almas de tus fieles;
    llena de la divina gracia los corazones
    que tú mismo has creado.

    Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles
    con la luz del Espíritu Santo:
    haz que sintamos siempre en él nuestro consuelo
    y gocemos de su gracia.
    Amén.

Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.