Día 3 de 9
Tercer día — Antes de una operación de ojos
Oración de todos los días
Santa Lucía,
que llevas la luz en el nombre:
cuida los ojos de los que te encomiendo.Y cúrame la otra ceguera:
la de no ver a quien tengo al lado.
Amén.Lectura del día
1 Salmo de David antes de ser ungido. 2 El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién he de temer yo? El Señor es el defensor de mi vida: ¿quién me hará temblar? 3 Mientras que están para echarse sobre mí los malhechores, a fin de devorar mis carnes; esos enemigos míos que me atribulan, esos mismos han flaqueado, y han caído. 4 Aunque se acampen ejércitos contra mí, no temblará mi corazón. Aunque me embistan en batalla, entonces mismo mantendré yo firme mi esperanza.
Meditación del día 3
Operarse los ojos da un miedo particular: se opera con lo que se mira.
«El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?». Es un salmo escrito por alguien con enemigos reales, rodeado y amenazado, que no niega el peligro. Precisamente porque el peligro existe, se agarra a esta confianza. El miedo no desaparece por arte de magia; se coloca debajo de algo más grande.
Operarse de los ojos asusta de una manera particular. Estás despierto muchas veces, ves luces y sombras, oyes al cirujano, y la parte del cuerpo que te pone en contacto con el mundo es la que está en sus manos. Es normal tener miedo, y no es falta de fe. Pide hoy por el pulso y la concentración del equipo médico, y haz también lo que te toca: pregunta todo lo que no entiendas antes de firmar el consentimiento, sigue al pie de la letra las gotas y los cuidados de después, no te frotes los ojos aunque piquen. La confianza en Dios no reemplaza las indicaciones del médico. Las acompaña.
Petición
Guía las manos del cirujano
y quítame el miedo.
Amén.Oración final
Santa Lucía, virgen y mártir,
que diste tu vida por la luz verdadera:
conserva la vista de nuestros ojos
y alúmbranos por dentro.
Amén.
Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.