Día 8 de 9

Octavo día — El final de una vida larga

  1. Oración de todos los días

    Santa Ana y san Joaquín,
    abuelos del Señor:
    vosotros esperasteis mucho y no perdisteis la fe.

    Enseñadnos a esperar así.
    Bendecid a los mayores de esta familia
    y a los que aguardan un hijo.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lucas 2,25-32

    25 Había a la sazón en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo moraba en él. 26 El mismo Espíritu Santo le había revelado que no había de morir antes de ver al Cristo o ungido del Señor. 27 Así vino inspirado de Él al templo. Y al entrar con el Niño Jesús sus padres, para practicar con Él lo prescrito por la Ley: 28 tomándole Simeón en sus brazos, bendijo a Dios, diciendo: 29 Ahora, Señor, saca en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa. 30 Porque ya mis ojos han visto al salvador que nos has dado: 31 al cual tienes destinado para que, expuesto a la vista de todos los pueblos, 32 sea luz brillante que ilumine a los gentiles, y gloria de tu pueblo de Israel.
  3. Meditación del día 8

    Por los que están al final de una vida larga: que no les falte compañía ni sacramentos.

    Simeón era un hombre mayor que llevaba toda la vida esperando. Cuando por fin tiene en brazos al niño Jesús, dice algo que no suena a tristeza sino a paz: ahora puedes dejar que tu siervo se vaya. Ha visto lo que tenía que ver.

    Así quisiéramos que se fueran los nuestros: tranquilos, acompañados, sin cuentas pendientes. Eso no siempre se improvisa. Hay que hablar a tiempo de lo que quieren, si desean recibir los sacramentos, a quién quieren ver, qué les preocupa. Muchas familias evitan esas conversaciones por miedo y luego no saben qué hacer cuando llega el momento.

    Pedir la unción de los enfermos no es llamar a la muerte; es un sacramento para los que están graves, y se puede recibir más de una vez. Y estar presente es lo que más pesa al final: una mano que no se suelta, una voz conocida. Simeón murió tranquilo porque tuvo en brazos lo que esperaba. Que los tuyos tengan en sus últimos días a alguien a quien abrazar.

  4. Petición

    Que los mayores de esta familia
    mueran acompañados y en paz con Dios.
    Amén.

  5. Oración final

    Santa Ana y san Joaquín,
    que merecisteis tener por hija a la Madre de Dios:
    rogad por nuestras familias.

    Por los abuelos que sostienen esta casa,
    por los que esperan un hijo
    y por los mayores que hoy están solos.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.