Día 8 de 9

Octavo día — La noche oscura

  1. Oración de todos los días

    Padre Pío,
    que pasaste la vida en el confesionario:

    dame valor para confesarme de verdad
    y quítame la vergüenza que me tiene lejos.
    Reza tú mientras yo me decido.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 21,2-9

    2 ¡Oh Dios! ¡Oh Dios mío, vuelve a mí tus ojos! ¿Por qué me has desamparado? Los gritos de los pecados míos alejan de mí la salud. 3 Clamaré, oh Dios mío, durante el día, y no me oirás: clamaré de noche, y no por mi culpa. 4 Tú, empero, habitas en la santa morada, tú, oh gloria de Israel. 5 En ti esperaron nuestros padres: esperaron en ti, y tú los libraste. 6 A ti clamaron, y fueron puestos en salvo. Confiaron en ti, y no tuvieron por qué avergonzarse. 7 Bien que yo soy un gusano, y no un hombre; el oprobio de los hombres, y el desecho de la plebe. 8 Todos los que me miran, hacen mofa de mí con palabras y con meneos de cabeza, diciendo: 9 En el Señor esperaba; que le liberte: sálvele, ya que tanto le ama.
  3. Meditación del día 8

    En sus cartas cuenta años de angustia y sensación de abandono, mientras por fuera todos lo veían santo.

    «¡Oh Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?» Es el comienzo del salmo que Jesús recitó en la cruz. El que reza clama de día y de noche sin respuesta, se siente «un gusano, y no un hombre», y escucha cómo se burlan de él: que lo salve el Señor, ya que tanto lo ama. Es de las oraciones más desesperadas de la Biblia, y está en el libro de los salmos precisamente para que se pueda rezar.

    Las cartas del padre Pío a sus directores espirituales tienen muchas páginas así. Habla de largas temporadas de oscuridad, de sentirse abandonado por Dios, mientras fuera las multitudes lo veneraban como santo. No lo contaba para dar pena, sino porque necesitaba que alguien lo acompañara en esa noche.

    Mucha gente vive algo parecido sin decírselo a nadie: sonríe en el trabajo, cumple en casa, va a misa, y por dentro está vacía o desesperada. Si es tu caso, lo primero es saber que no es falta de fe ni un castigo. Lo segundo, buscar con quién hablarlo: un sacerdote, un amigo, un psicólogo. Y si conoces a alguien que se ha apagado, pregúntale de verdad cómo está.

  4. Petición

    Sostén a los que por dentro están a oscuras
    y nadie lo sabe.
    Amén.

  5. Oración final

    San Pío de Pietrelcina,
    sacerdote del confesionario y consuelo de los enfermos:
    intercede por nosotros,
    alcánzanos un corazón arrepentido
    y la paz de los perdonados.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.