Salmos 21
1 Para el fin: por el auxilio de la mañana: salmo de David.
2 ¡Oh Dios! ¡Oh Dios mío, vuelve a mí tus ojos! ¿Por qué me has desamparado? Los gritos de los pecados míos alejan de mí la salud.
3 Clamaré, oh Dios mío, durante el día, y no me oirás: clamaré de noche, y no por mi culpa.
4 Tú, empero, habitas en la santa morada, tú, oh gloria de Israel.
5 En ti esperaron nuestros padres: esperaron en ti, y tú los libraste.
6 A ti clamaron, y fueron puestos en salvo. Confiaron en ti, y no tuvieron por qué avergonzarse.
7 Bien que yo soy un gusano, y no un hombre; el oprobio de los hombres, y el desecho de la plebe.
8 Todos los que me miran, hacen mofa de mí con palabras y con meneos de cabeza, diciendo:
9 En el Señor esperaba; que le liberte: sálvele, ya que tanto le ama.
10 Sin embargo, tú eres quien me sacaste del seno materno; y mi esperanza, desde que yo estaba colgado de los pechos de mi madre.
11 Desde las entrañas de mi madre fui arrojado en tus brazos: desde el seno materno te tengo por mi Dios:
12 no te apartes de mí: porque se acerca la tribulación, y no hay nadie que me socorra.
13 Cercado me han novillos en gran número: recios y bravos toros me han sitiado.
14 Abrieron su boca contra mí, como león rapante y rugiente.
15 Me he disuelto como agua, y todos mis huesos se han desencajado. Mi corazón está como una cera, derritiéndose dentro de mis entrañas.
16 Todo mi verdor se ha secado, como un vaso de barro cocido; mi lengua se ha pegado al paladar; y me vas conduciendo al polvo del sepulcro.
17 Porque me veo cercado de una multitud de rabiosos perros: me tiene sitiado una turba de malignos. Han taladrado mis manos y mis pies:
18 han contado mis huesos uno por uno. Pusiéronse a mirarme despacio, y a observarme:
19 repartieron entre sí mis vestidos, y sortearon mi túnica.
20 Mas tú, oh Señor, no me dilates tu socorro; atiende luego a mi defensa:
21 Libra mi vida, oh Dios, del alfanje; y de las garras de los canes de mi alma.
22 Sálvame de la boca del león; salva de las astas de los unicornios mi pobre alma.
23 Anunciaré tu santo nombre a mis hermanos: publicaré tus alabanzas en medio de la Iglesia.
24 Oh vosotros que teméis al Señor, alabadle: glorificadle, vosotros descendientes todos de Jacob.
25 Témale todo el linaje de Israel, porque no despreció ni desatendió la súplica del pobre; ni apartó de mí su rostro; antes, así que clamé a él, luego me oyó.
26 A ti se dirigirán mis alabanzas en la iglesia o solemnidad grande, en presencia de los que le temen cumpliré yo mis votos.
27 Los pobres comerán y quedarán saciados; y los que buscan al Señor le cantarán alabanzas: sus corazones vivirán por los siglos de los siglos.
28 Se acordará de los beneficios recibidos, y se convertirá al Señor toda la extensión de la tierra; y se postrarán ante su acatamiento las familias todas de las gentes.
29 Porque del Señor es el reino; y él ha de tener el imperio de las naciones.
30 Comieron, y le adoraron todos los ricos de la tierra; ante su acatamiento se postrarán todos los mortales.
31 Y mi alma vivirá para él, y a él servirá mi descendencia.
32 Será contada como del Señor la generación venidera; y los cielos anunciarán la justicia de él al pueblo que ha de nacer, formado por el Señor.