Día 7 de 9

Séptimo día — Por los grupos de oración

  1. Oración de todos los días

    Padre Pío,
    que pasaste la vida en el confesionario:

    dame valor para confesarme de verdad
    y quítame la vergüenza que me tiene lejos.
    Reza tú mientras yo me decido.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Hechos de los Apóstoles 2,42-47

    42 Y perseveraban todos en oír las instrucciones de los apóstoles, y en la comunicación de la fracción del pan, y en la oración. 43 Y toda la gente estaba sobrecogida de un respetuoso temor: porque eran muchos los prodigios y milagros que hacían los apóstoles en Jerusalén; de suerte que todos universalmente estaban llenos de espanto. 44 Los creyentes, por su parte, vivían unidos entre sí, y nada tenían que no fuese común para todos ellos. 45 Vendían sus posesiones y demás bienes, y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. 46 Asistiendo asimismo cada día largos ratos al templo, unidos con un mismo espíritu, y partiendo el pan por las casas de los fieles, tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios y haciéndose amar de todo el pueblo, Y el Señor aumentaba cada día el número de los que abrazaban el mismo género de vida para salvarse. Curación de un cojo
  3. Meditación del día 7

    Dejó cientos de grupos de oración por el mundo, de gente corriente que se reúne a rezar.

    Los Hechos describen a la primera comunidad de Jerusalén con unos pocos rasgos: escuchaban la enseñanza de los apóstoles, vivían unidos, partían el pan por las casas y rezaban. Se reunían en el templo y en los hogares, y la gente los apreciaba. La fe se vivía en grupo, no a solas.

    El padre Pío impulsó en los años cuarenta los grupos de oración, que hoy siguen reuniéndose en muchos países. No tienen nada sofisticado: gente corriente que se junta una vez por semana o al mes, reza el rosario, lee el Evangelio, pregunta por sus enfermos y se ayuda en lo que puede.

    Rezar solo está bien, pero tiene un límite: cuando llegan las malas rachas es fácil dejarlo. Un grupo te sostiene cuando tú flojeas, y tú lo sostienes cuando flojea otro. Pregunta en tu parroquia si hay alguno, o empieza uno pequeño con dos o tres personas de confianza. No hace falta que sea perfecto. Hace falta que sea constante, y que no se convierta en un club cerrado donde el que llega nuevo se sienta de más.

  4. Petición

    Que encuentre gente con quien rezar cada semana.
    Amén.

  5. Oración final

    San Pío de Pietrelcina,
    sacerdote del confesionario y consuelo de los enfermos:
    intercede por nosotros,
    alcánzanos un corazón arrepentido
    y la paz de los perdonados.
    Amén.

Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.