Día 2 de 9

Segundo día — Duro y tierno

  1. Oración de todos los días

    Padre Pío,
    que pasaste la vida en el confesionario:

    dame valor para confesarme de verdad
    y quítame la vergüenza que me tiene lejos.
    Reza tú mientras yo me decido.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Hebreos 12,5-11

    5 sino que os habéis olvidado ya de las palabras de consuelo, que os dirige Dios como a hijos, diciendo: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni caigas de ánimo cuando te reprende. 6 Porque el Señor al que ama, le castiga; y a cualquiera que recibe por hijo suyo, le azota y le prueba con adversidades. 7 Sufrid, pues, la corrección. Dios se porta con vosotros como con hijos, porque, ¿cuál es el hijo, a quien su padre no corrige?. 8 Y si estáis fuera de la corrección, de que todos los justos participaron, bien se ve que sois bastardos, y no hijos legítimos. 9 Por otra parte, si tuvimos a nuestros padres carnales que nos corrigieron, y los respetábamos, ¿no es mucho más justo que obedezcamos al Padre de los espíritus, para alcanzar la vida eterna?. 10 Y a la verdad, aquellos, por pocos días, nos castigaban a su arbitrio; pero Éste nos amaestra en aquello que sirve para hacernos santos. 11 Es indudable que toda corrección, por el pronto, parece que no trae gozo, sino pena: mas después producirá en los que son labrados con ella, fruto apacibilísimo de justicia.
  3. Meditación del día 2

    Podía echar a alguien del confesionario y llorar por él. No era blando ni cruel: era serio.

    La carta a los Hebreos dice algo que hoy suena antipático: el Señor corrige al que ama, como un padre a sus hijos. Y reconoce que ninguna corrección agrada en el momento; el fruto viene después. No defiende el castigo arbitrario, sino la corrección que busca el bien del otro.

    El padre Pío tenía fama de duro. A algunos penitentes los despedía del confesionario sin absolución cuando veía que no venían en serio, y hay testimonios de quienes volvieron tiempo después cambiados. Otros cuentan que lloraba por los pecadores y rezaba por ellos durante horas. No era una contradicción: se tomaba en serio a las personas y por eso no les mentía.

    Hay que decir también lo incómodo: la dureza solo es buena cuando nace del amor y respeta la dignidad del otro. Gritar, humillar o pegar a un hijo no es corregir, aunque se haga «por su bien». Mira hoy cómo corriges tú y cómo te dejas corregir. Quizá eres demasiado blando para evitar conflictos, o demasiado duro para descargar tu rabia. La verdad dicha con cariño es más difícil que cualquiera de las dos cosas.

  4. Petición

    Que nadie me confunda amabilidad con verdad
    ni verdad con dureza.
    Amén.

  5. Oración final

    San Pío de Pietrelcina,
    sacerdote del confesionario y consuelo de los enfermos:
    intercede por nosotros,
    alcánzanos un corazón arrepentido
    y la paz de los perdonados.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.