Día 3 de 9
Tercer día — El buen samaritano
Oración de todos los días
San Lucas, médico y evangelista:
bendice a los que curan y a los que cuentan.
Dame tu mirada:
la que se fija en el herido del camino
y en la mujer que nadie nombra.
Amén.Lectura del día
30 Entonces Jesús, tomando la palabra, dijo: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, que le despojaron de todo, le cubrieron de heridas y se fueron, dejándole medio muerto. 31 Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote: y aunque le vio, pasóse de largo. 32 Igualmente un levita, a pesar de que se halló vecino al sitio, y le miró, tiró adelante. 33 Pero un pasajero de nación samaritano llegóse adonde estaba, y viéndole, movióse a compasión. 34 Y arrimándose, vendó sus heridas, bañándolas con aceite y vino: y subiéndole en su cabalgadura, le condujo al mesón y cuidó de él. 35 Al día siguiente sacó dos denarios y dióselos al Mesonero, diciéndole: Cuídame este hombre; y todo lo que gaste de más, yo te lo abonaré a mi vuelta. 36 ¿Quién de estos tres te parece haber sido prójimo del que cayó en manos de los ladrones?. 37 Aquel, respondió el doctor, que usó con él de misericordia. Pues anda, díjole Jesús, y haz tú otro tanto. Marta y María
Meditación del día 3
Esa parábola solo está en su evangelio, y es la definición cristiana del prójimo.
Un sacerdote y un levita pasan junto al herido y siguen de largo. Tenían sus razones: quizá iban tarde a un servicio en el templo, quizá temían quedar impuros si tocaban un cadáver. Un samaritano, alguien a quien los judíos despreciaban, se detiene, lo cura, lo carga y paga de su bolsillo la posada.
Jesús contó esta historia a un experto en la ley que le preguntó quién era su prójimo. No le respondió con una definición: le dio la vuelta a la pregunta. No se trata de saber a quién debo ayudar, sino de convertirme en prójimo del que está tirado en el camino.
Los caminos de hoy también tienen heridos: el hombre dormido en la acera, la mujer que llora en el autobús, el compañero que lleva semanas sin hablar con nadie. Casi siempre tenemos prisa, y razones buenas para no parar. La parábola no pide heroicidades: pide detenerse, mirar y hacer lo que esté a tu alcance. Lucas la conservó cuando otros no lo hicieron. Gracias a él la sabemos de memoria.
Petición
Que me pare donde otros pasan de largo.
Amén.Oración final
San Lucas, médico y evangelista,
que contaste la misericordia de Dios:
ruega por los médicos y los enfermos,
por los que comunican
y por los que necesitan volver a casa.
Amén.
Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.