Día 3 de 9

Tercer día — El nombre olvidado

  1. Oración de todos los días

    Glorioso apóstol san Judas Tadeo,
    siervo fiel y amigo de Jesús:
    te pongo por intercesor en esta causa mía,
    que a nadie más sé pedírsela.

    Alcánzame de Dios lo que necesito,
    si es para bien de mi alma;
    y si no lo es, alcánzame conformidad y salida.

    No me dejes solo con esto.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Juan 14,21-24

    21 Quien ha recibido mis mandamientos y los observa, ése es el que me ama. Y el que me ama, será amado de mi Padre: y Yo le amaré, y Yo mismo me manifestaré a él. 22 Dícele Judas, no el Iscariote: Señor ¿qué causa hay para que te hayas de manifestar a nosotros, y no al mundo? 23 Jesús le respondió así: Cualquiera que me ama, observará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él. 24 El que no me ama, no practica mi doctrina. Y la doctrina que habéis oído no es solamente mía, sino del Padre, que me ha enviado. c) El don de la paz
  3. Meditación del día 3

    Judas Tadeo pasó siglos sin que nadie lo llamara, por llevar un nombre que daba miedo. Sabe lo que es quedarse fuera.

    Por eso se le pide también por los que nadie nombra: los que no salen en ninguna lista de ayuda.

    Es una de las pocas veces que el Evangelio deja hablar a nuestro santo, y Juan tiene que aclarar enseguida: «Judas, no el Iscariote». Hasta en la Biblia hubo que separarlo del otro. Su pregunta es la de cualquiera que se siente al margen: ¿por qué te muestras a nosotros y no al mundo? Jesús no contesta con un privilegio, sino con una casa: el que ama, recibe a Dios dentro y Dios hace morada en él.

    Eso cambia la manera de mirar a los olvidados. Dios no vive en la lista de los importantes; vive donde lo dejan entrar, y muchas veces son casas sin nombre: la señora que cuida a su madre con demencia sin que nadie le pregunte cómo está, el preso que nadie visita, el migrante sin papeles que no aparece en ningún censo.

    Tu causa es urgente, y aun así hoy le haces sitio a otra. Piensa en una persona concreta que no tiene quien rece por ella y ponla junto a la tuya. No le quita fuerza a tu petición. La saca del encierro de tu propio miedo.

  4. Petición

    Santo de los olvidados,
    acuérdate de los que están peor que yo
    y no tienen quien rece por ellos.
    Que mi petición no me vuelva egoísta.
    Amén.

  5. Oración final

    Señor Jesús, que llamaste apóstol a Judas Tadeo
    y por su medio sigues atendiendo a los tuyos:
    escucha lo que te he pedido estos nueve días.

    Hágase tu voluntad, y no la mía.
    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    Amén.

Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.