Día 2 de 9

Segundo día — Cuando ya no queda a quién pedir

  1. Oración de todos los días

    Glorioso apóstol san Judas Tadeo,
    siervo fiel y amigo de Jesús:
    te pongo por intercesor en esta causa mía,
    que a nadie más sé pedírsela.

    Alcánzame de Dios lo que necesito,
    si es para bien de mi alma;
    y si no lo es, alcánzame conformidad y salida.

    No me dejes solo con esto.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Marcos 5,25-29

    25 En esto, una mujer que padecía flujo de sangre doce años hacía, 26 y había sufrido mucho en manos de varios médicos, y gastado toda su hacienda sin el menor alivio, antes lo pasaba peor: 27 oída la fama de Jesús, se llegó por detrás entre la muchedumbre de gente y tocó su ropa, 28 diciendo para consigo: Como llegue a tocar su vestido, sanaré. 29 En efecto, de repente, aquel manantial de sangre se le secó: y percibió en su cuerpo que estaba ya curada de su enfermedad.
  3. Meditación del día 2

    A ti se acude cuando se han agotado los favores, los contactos y el dinero. Eso no es superstición: es reconocer un límite.

    Lo que sigue después del límite no es magia, es confianza.

    Doce años enferma, todo el dinero gastado en médicos y cada vez peor. Marcos no lo suaviza: esta mujer ya había tocado todas las puertas. Además, su enfermedad la volvía impura según la ley, así que ni siquiera podía acercarse en público sin que la miraran mal. Se mete entre la gente por detrás, casi a escondidas, y toca el borde del manto.

    Eso es exactamente llegar al límite. No es una fe de manual ni una oración bien redactada; es el gesto de alguien a quien ya no le queda orgullo que cuidar. Y Jesús no la regaña por haber probado antes otras cosas ni por llegar tarde.

    Quizá te da pena haber acudido a san Judas solo ahora, cuando el banco dijo que no y la familia se cansó de prestar. No hace falta. Nadie empieza a rezar en el mejor momento. Lo que importa es que hoy, sin contactos y sin plata, todavía te acercas, aunque sea por detrás y en silencio, a tocar el borde de algo más grande que tu problema.

  4. Petición

    Apóstol fiel, tú que atiendes lo que otros no toman:
    quítame la vergüenza de pedir
    y la manía de creer que solo sirve lo que resuelvo yo.
    Amén.

  5. Oración final

    Señor Jesús, que llamaste apóstol a Judas Tadeo
    y por su medio sigues atendiendo a los tuyos:
    escucha lo que te he pedido estos nueve días.

    Hágase tu voluntad, y no la mía.
    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.