Día 2 de 9

Segundo día — Huérfano joven

  1. Oración de todos los días

    San Juan Pablo II,
    que dijiste «no tengáis miedo»:

    quítame el miedo que me paraliza,
    dame amor por los jóvenes de mi casa
    y fuerza para envejecer sin amargura.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 26,10-14

    10 Contigo ha hablado mi corazón: en busca de ti han andado mis ojos. Oh Señor, tu cara es la que yo busco. 11 No apartes de mí tu rostro: no te retires enojado de tu siervo. Sé tú en mi ayuda: no me desampares, ni me desprecies, oh Dios, salvador mío. 12 Porque mi padre y mi madre me desampararon; pero el Señor me ha tomado por su cuenta. 13 Arregla, Señor, mis pasos en tu camino, y dirígeme por la recta senda, a causa de mis enemigos. 14 No me abandones a los deseos de mis perseguidores; porque han conspirado contra mí testigos inicuos; mas la iniquidad ha mentido o dañado a sí misma.
  3. Meditación del día 2

    A los veintiún años no le quedaba familia. Casi nadie sabe eso de él.

    Mi padre y mi madre me han abandonado, pero el Señor me ha recogido. Es una de las frases más desnudas del salterio. El que reza así no es un niño; es alguien que se ha quedado sin el apoyo que todos damos por seguro y busca otro donde agarrarse.

    Karol Wojtyla perdió a su madre cuando tenía ocho años. Su único hermano, Edmund, médico joven, murió poco después contagiado de escarlatina por una paciente. Su padre, con el que vivía solo, murió en 1941, cuando Karol tenía veinte años y Polonia estaba ocupada por los nazis. Dijo después que en ese momento se sintió más solo que nunca.

    Hay muchos jóvenes en esa situación hoy: huérfanos de la violencia, hijos de padres que murieron en la pandemia, muchachos que salieron de un hogar de protección al cumplir la mayoría de edad y se encontraron sin nadie. También los que tienen padres vivos pero ausentes. Reza hoy por ellos con nombre. Y si conoces a alguno, piensa qué puedes ser para él: no un padre de reemplazo, sino alguien que esté, que llame, que pregunte.

  4. Petición

    Consuela a los que se han quedado sin familia siendo jóvenes.
    Amén.

  5. Oración final

    San Juan Pablo II,
    que no tuviste miedo y nos enseñaste a no tenerlo:
    ruega por la familia, por los jóvenes
    y por los que envejecen y enferman.

    Totus tuus: todo tuyo, María.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.