Día 3 de 9
Tercer día — Dejar la espada
Oración de todos los días
San Ignacio de Loyola,
que aprendiste a distinguir lo que deja paz
de lo que deja inquietud:enséñame a discernir lo que tengo delante.
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad.
Amén.Lectura del día
7 Pero estas cosas que las consideraba yo como ventajas mías, me han parecido desventajas al poner los ojos en Cristo. 8 Y en verdad, que todo lo tengo por pérdida, en cotejo del sublime conocimiento de mi Señor Jesucristo; por cuyo amor he perdido todas las cosas, y las miro como basura, por ganar a Cristo, 9 y en Él hallarme, no con tener la justicia mía, la cual es la que viene de la Ley, sino aquella que nace de la fe de Jesucristo; la justicia que viene de Dios por la fe, 10 a fin de conocerle a Él, y la eficacia de su resurrección, y participar de sus penas, asemejándome a su muerte,
Meditación del día 3
Colgó sus armas en Montserrat y cambió de vida a los treinta años. Nunca es tarde.
Pablo había tenido una vida brillante según los criterios de su tiempo: buena familia, formación, prestigio religioso. Y dice que todo eso, que antes consideraba ganancia, lo tiene ahora por pérdida comparado con conocer a Cristo. No fue un cambio de gustos; fue darle la vuelta a su escala de valores.
En 1522, Ignacio subió a Montserrat, pasó una noche en vela ante la Virgen y dejó allí su espada y su daga. Cambió su ropa de caballero por la de un mendigo. Tenía alrededor de treinta años y una carrera por delante. No era un adolescente impulsivo: era un hombre hecho que decidió cambiar.
Mucha gente cree que a partir de cierta edad ya no se puede empezar de nuevo: dejar un trabajo que no tiene sentido, volver a estudiar, reconciliarse con la fe, salir de una relación dañina, dejar un vicio. Nunca es tarde, aunque cueste más. Pregúntate qué es tu espada: aquello que te da identidad pero ya no te sirve. Quizá hoy no puedas dejarla, pero sí puedes mirarla de frente.
Petición
Dame valor para cambiar aunque ya no sea joven.
Amén.Oración final
Toma, Señor, y recibe
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer.
Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno.
Dame tu amor y tu gracia,
que eso me basta.
Amén.
Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.