Día 7 de 9

Séptimo día — Por los que trabajan en el campo

  1. Oración de todos los días

    San Charbel,
    monje del silencio:
    no dejaste palabras, dejaste una vida.

    Pide por los enfermos que te encomiendo
    y enséñame a callar y a estar con Dios
    sin necesitar ruido.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 64,12-14

    12 Porque tú visitaste la tierra, y la has como embriagado con lluvias saludables, y la has colmado de toda suerte de riquezas. El río de Dios está rebosando en aguas, preparado has el alimento a sus habitantes: tal es la buena disposición de los campos. 13 Hincha sus canales, multiplica sus producciones, con los suaves rocíos se regocijarán las plantas todas. 14 Coronarás el año de tu bondad, y serán fértilísimos tus campos.
  3. Meditación del día 7

    Era hijo de campesinos y pastor de niño. La santidad no sale solo de las ciudades.

    El salmo canta a un Dios que visita la tierra y la riega, que llena de agua los surcos, que hace germinar las semillas con la lluvia, que corona el año con sus bienes. Es la oración de un pueblo campesino que sabía que todo dependía del cielo.

    Charbel era hijo de una familia de campesinos de las montañas del Líbano. Su padre murió cuando él era muy pequeño, y de niño cuidaba el rebaño de la familia. Muchos santos salieron del campo, aunque a veces pensemos que la santidad es cosa de gente culta o de ciudad. Ahí se aprende la paciencia, la dependencia del tiempo, la humildad de quien sabe que no lo controla todo.

    En nuestros países, la gente que trabaja la tierra suele ser la más pobre. Siembra sin saber si va a llover, vende la cosecha a precios que pone otro, ve cómo los jóvenes se van a la ciudad. Hoy, cuando comas, acuérdate de quién sembró eso. Si puedes, compra directo a un campesino en una plaza de mercado, sin regatear lo que ya es justo. Bendecir a los que trabajan la tierra también se hace pagando bien.

  4. Petición

    Bendice a los que trabajan la tierra.
    Amén.

  5. Oración final

    San Charbel Makhlouf,
    monje y ermitaño,
    que en el silencio encontraste a Dios:
    intercede por los enfermos,
    por tu tierra del Líbano
    y por nosotros, que no sabemos callar.
    Amén.

Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.