Salmos 64

1 Para el fin: salmo de David.

2 Cántico de Jeremías y de Ezequiel para el pueblo transportado al cautiverio, cuando empezaba a salir de él.

3 A ti, ¡oh Dios!, son debidos los himnos en Sión, y a ti se te presentarán los votos en Jerusalén.

4 Oye benigno mi oración: A ti vendrán todos los mortales.

5 Prevalecieron en nosotros las maldades; pero tú perdonarás nuestras impiedades.

6 Dichoso aquel a quien tú elegiste, y allegaste a ti; él habitará en tu Tabernáculo. Colmados seremos de los bienes de tu casa; santo es tu templo,

7 admirable por su justicia.

8 Oye, pues, nuestras plegarias, ¡oh Dios!, salvador nuestro, tú que eres la esperanza de todas las naciones de la tierra, y de las más remotas islas.

9 Tú que das firmeza a los montes con tu poder; tú que armado de fortaleza

10 conmueves lo más profundo de los mares, y haces sentir el estruendo de sus olas. Perturbaránse las naciones,

11 y quedarán llenos de pavor los habitantes de los últimos términos de la tierra, a vista de tus prodigios. Derramarás la alegría desde oriente a occidente

12 Porque tú visitaste la tierra, y la has como embriagado con lluvias saludables, y la has colmado de toda suerte de riquezas. El río de Dios está rebosando en aguas, preparado has el alimento a sus habitantes: tal es la buena disposición de los campos.

13 Hincha sus canales, multiplica sus producciones, con los suaves rocíos se regocijarán las plantas todas.

14 Coronarás el año de tu bondad, y serán fértilísimos tus campos.

15 Se pondrán lozanas las praderías del desierto, y vestiránse de gala los collados.

16 Se multiplicarán los rebaños de carneros y ovejas, y abundarán en grano los valles. Todos alzarán su voz, y cantarán himnos de alabanza.