Día 6 de 9
Sexto día — Ayuno y sobriedad
Oración de todos los días
San Charbel,
monje del silencio:
no dejaste palabras, dejaste una vida.Pide por los enfermos que te encomiendo
y enséñame a callar y a estar con Dios
sin necesitar ruido.
Amén.Lectura del día
10 Yo, por mí, me holgué sobremanera en el Señor, de que al fin ha reflorecido aquel afecto que me tenéis; siempre le habéis tenido en vuestro corazón, mas no hallabais coyuntura para manifestarle. 11 No lo digo por razón de mi indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. 12 Sé vivir en pobreza, y sé vivir en abundancia (todo lo he probado y estoy ya hecho a todo): a tener hartura, y a sufrir hambre; a tener abundancia, y a padecer necesidad; 13 todo lo puedo en Aquel que me conforta. 14 Sin embargo, habéis hecho una obra buena de concurrir al alivio de mi tribulación.
Meditación del día 6
Comía poco, dormía poco, tenía poco. Hoy suena extremo y algo de eso nos falta a todos.
Pablo escribe desde la cárcel y dice algo que parece fácil y no lo es: he aprendido a vivir con poco y a vivir con mucho, a tener hambre y a estar satisfecho. No es que le dé igual. Es que su paz no depende de lo que tiene.
Charbel comía una vez al día, dormía poco, sobre un colchón de hojas y con una almohada de madera, según los testimonios de su tiempo. Hoy eso parece extremo, y no se trata de copiarlo: nadie te pide que te hagas ermitaño ni que dejes de comer. Pero hay algo de esa sobriedad que nos haría bien, porque vivimos rodeados de cosas que no necesitamos y que compramos para tapar un vacío.
Mira hoy tus propias dependencias pequeñas: el celular, las compras por internet, la comida de más, la bebida para relajarse. No hace falta hacer un ayuno heroico. Elige una sola cosa y prescinde de ella un día, o una semana. Y fíjate en lo que sientes cuando te falta. Pablo no lo cuenta como hazaña: «todo lo puedo en aquel que me conforta». La sobriedad no es castigo; es libertad.
Petición
Dame sobriedad:
que no necesite tanto para estar bien.
Amén.Oración final
San Charbel Makhlouf,
monje y ermitaño,
que en el silencio encontraste a Dios:
intercede por los enfermos,
por tu tierra del Líbano
y por nosotros, que no sabemos callar.
Amén.
Mañana toca el día 7. Vuelve a esta hora.