Día 7 de 9

Séptimo día — La obediencia

  1. Oración de todos los días

    San Benito, padre de los monjes:
    dame la regla que me falta.

    Horas, trabajo, descanso y oración
    en su sitio.
    Y líbrame del mal que me desordena por dentro.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Mateo 20,25-28

    25 Mas Jesús los llamó a sí, y les dijo: No ignoráis que los príncipes de las naciones avasallan a sus pueblos: y que sus magnates los dominan con su imperio. 26 No ha de ser así ante vosotros: sino que quien aspire a ser mayor entre vosotros, debe ser vuestro criado: 27 y el que quiera ser entre vosotros el primero, ha de ser vuestro siervo: 28 al modo que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida para redención de muchos. Los ciegos de Jericó
  3. Meditación del día 7

    Obedecer no está de moda, y sin ello no hay familia ni trabajo que funcione.

    Los discípulos discuten por los primeros puestos, y Jesús les dice que entre ellos no puede ser como entre los poderosos, que oprimen a los suyos. El que quiera ser grande, que sirva. Y se pone él mismo de ejemplo: no vino a ser servido.

    La Regla de san Benito pide a los monjes obediencia pronta, pero también pone límites claros al que manda. El abad debe recordar que rendirá cuentas a Dios de cada uno de sus hermanos, adaptarse al carácter de cada cual y no preferir a nadie por su origen. Cuando hay que decidir algo importante, debe consultar a toda la comunidad, porque a menudo Dios revela lo mejor al más joven.

    La obediencia tiene mala fama porque se ha abusado de ella. Ha servido para tapar maltratos en familias, empresas y también en la Iglesia. Obedecer nunca incluye aceptar humillaciones o callar ante un delito. Pero sin una obediencia sana tampoco funciona nada: ni el equipo de trabajo ni la casa. Hoy revisa las dos caras. Dónde te cuesta obedecer por orgullo, y dónde mandas como los poderosos que critica Jesús.

  4. Petición

    Enséñame a obedecer sin humillarme
    y a mandar sin humillar.
    Amén.

  5. Oración final

    Cruz santa sea mi luz,
    no sea el dragón mi guía.
    Apártate, Satanás;
    nunca me aconsejes cosas vanas.
    Es malo lo que ofreces,
    bebe tú mismo tu veneno.

    San Benito, ruega por nosotros.
    Amén.

Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.