Día 3 de 9

Tercer día — La espada de Ignacio

  1. Oración de todos los días

    Virgen de Montserrat, Moreneta:
    en tu montaña la piedra está partida
    y aun así se sostiene.

    Sostén lo que en mí está partido.
    Dame silencio para oír lo que tengo que hacer.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Filipenses 3,7-11

    7 Pero estas cosas que las consideraba yo como ventajas mías, me han parecido desventajas al poner los ojos en Cristo. 8 Y en verdad, que todo lo tengo por pérdida, en cotejo del sublime conocimiento de mi Señor Jesucristo; por cuyo amor he perdido todas las cosas, y las miro como basura, por ganar a Cristo, 9 y en Él hallarme, no con tener la justicia mía, la cual es la que viene de la Ley, sino aquella que nace de la fe de Jesucristo; la justicia que viene de Dios por la fe, 10 a fin de conocerle a Él, y la eficacia de su resurrección, y participar de sus penas, asemejándome a su muerte, 11 de modo que al cabo pueda arribar a la resurrección gloriosa de los muertos;
  3. Meditación del día 3

    Un militar vanidoso dejó allí su espada y bajó cambiado. Las conversiones empiezan soltando algo.

    Pablo había sido un hombre con todo a favor: buena familia, formación religiosa impecable, prestigio. Y dice que todo eso lo considera pérdida, incluso basura, comparado con conocer a Cristo. No es desprecio de lo humano: es alguien que descubrió algo más grande y, por comparación, lo demás dejó de mandar en su vida.

    En 1522 un caballero vasco herido y vanidoso, Íñigo de Loyola, pasó una noche en vela ante la Moreneta y dejó allí su espada y su ropa de soldado. Bajó con un sayal y empezó otra vida que acabaría fundando la Compañía de Jesús. Las conversiones de verdad casi siempre tienen un momento físico de soltar algo: una botella, una cuenta, una relación, un orgullo profesional, una manera de hablarle a tu pareja. No sirve soltarlo en abstracto. Piensa qué es tu espada, lo que te da seguridad y a la vez te impide cambiar, y pregúntate en qué altar concreto podrías dejarla.

  4. Petición

    Señálame lo que tengo que dejar
    para empezar de nuevo.
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Virgen de Montserrat,
    Madre de la montaña:
    ruega por nosotros, por nuestras familias
    y por los que suben a ti buscando una respuesta.
    Amén.

Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.