Día 2 de 9

Segundo día — Mil años de oración

  1. Oración de todos los días

    Virgen de Montserrat, Moreneta:
    en tu montaña la piedra está partida
    y aun así se sostiene.

    Sostén lo que en mí está partido.
    Dame silencio para oír lo que tengo que hacer.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lucas 18,1-8

    1 Propúsoles también esta parábola para ver que conviene orar perseverantemente y no desfallecer, 2 diciendo: En cierta ciudad había un juez que ni tenía temor de Dios, ni respeto a hombre alguno. 3 Vivía en la misma ciudad una viuda, la cual solía ir a él, diciendo: Hazme justicia de mi contrario. 4 Mas el juez en mucho tiempo no quiso hacérsela. Pero después dijo para consigo: Aunque yo no temo a Dios ni respeto a hombre alguno: 5 con todo, para que me deje en paz esta viuda, le haré justicia, a fin de que no venga de continuo a romperme la cabeza. 6 Ved, añadió el Señor, lo que dijo ese juez inicuo: 7 Y ¿dejará Dios de hacer justicia a sus escogidos que claman a Él día y noche, y sufrirá que se les oprima? 8 Os aseguro que no tardará en vengarlos. Pero cuando viniere el Hijo del hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra? El fariseo y el publicano
  3. Meditación del día 2

    En el monasterio se ha rezado todos los días durante siglos, en guerra y en paz. La constancia es el milagro.

    Jesús cuenta esta parábola, dice Lucas, para enseñar que hay que orar siempre sin desanimarse. La protagonista es una viuda sin poder ni contactos, que vuelve una y otra vez ante un juez sin escrúpulos hasta que este cede por puro cansancio. La comparación es atrevida: si hasta un mal juez acaba escuchando, cuánto más Dios. Y termina con una pregunta incómoda: cuando vuelva el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

    En Montserrat la comunidad benedictina reza las horas desde hace casi mil años, con guerras, saqueos, exclaustraciones y reconstrucciones de por medio. Ese es el milagro: no una aparición, sino la terquedad de seguir. Tu oración no tiene que ser larga, pero sí tiene que estar. Un rato fijo, aunque sea corto, vale más que media hora cuando te acuerdas. Y los días en que no te apetece nada son justo los que cuentan, porque ahí ya no rezas por gusto. Elige hoy una hora y un sitio, y mantenlos la semana entera.

  4. Petición

    Dame constancia: rezar también los días
    en que no me apetece nada.
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Virgen de Montserrat,
    Madre de la montaña:
    ruega por nosotros, por nuestras familias
    y por los que suben a ti buscando una respuesta.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.