Día 6 de 9

Sexto día — El cuerpo en los brazos

  1. Oración de todos los días

    Virgen de los Dolores,
    tú viste morir a tu Hijo y no te fuiste.

    No me pidas alegría todavía.
    Siéntate conmigo en esto que llevo,
    y enséñame a no irme de donde tengo que estar.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lamentaciones 1,12-16

    12 ¡Oh vosotros cuantos pasáis por este camino!, atended y considerad si hay dolor como el dolor mío; porque el Señor, según Él lo predijo, me ha vendimiado o despojado de todo en el día de su furibunda ira. MEM. 13 Desde lo alto metió fuego dentro de mis huesos, y me ha escarmentado; tendió una red a mis pies, me volvió hacia atrás. Me ha dejado desolada, todo el día consumida de tristeza. NUN. 14 El yugo de mis maldades se dio prisa a venir sobre mí; el mismo Señor, con sus manos las arrolló como un fardo, y las puso sobre mi cuello; faltáronme las fuerzas; el Señor me ha entregado en manos de que no podré librarme. SAMEC. 15 Arrebatado ha el Señor de en medio de mí todos mis príncipes; ha aplazado contra mí el tiempo de la ruina, en el cual destruyese a mis jóvenes escogidos. El Señor mismo los ha pisado como en un lagar, para castigar a la virgen, hija de Judá. AIN. 16 Por eso estoy yo llorando, y son mis ojos fuentes de agua; porque está lejos de mí el consolador que haga revivir el alma mía. Perecido han mis hijos: pues el enemigo ha triunfado. FE.
  3. Meditación del día 6

    Recibir el cuerpo de su hijo muerto. Esa imagen —la Piedad— ha consolado a más madres que cualquier discurso.

    Las Lamentaciones son poemas escritos por la destrucción de Jerusalén: ustedes que pasan por el camino, miren si hay dolor como mi dolor; por esto lloro, mis ojos son fuentes de agua, porque lejos está quien me consuele. La liturgia de Semana Santa aplica esas palabras a la madre que recibe el cuerpo de su hijo.

    La Piedad, María con Jesús muerto en el regazo, no aparece en los evangelios, pero el pueblo cristiano la necesitó y la ha esculpido mil veces. Es una escena muda: no hay sermón, solo el peso de un cuerpo en los brazos de quien lo trajo al mundo.

    Las madres que han enterrado a un hijo dicen que ese dolor no tiene nombre; no existe una palabra como viuda o huérfano para ellas. No les digas que Dios lo quiso así, ni que ya está en un lugar mejor si no te lo piden. A veces la mejor compañía es dejar que lloren como en Lamentaciones, sin apurarlas. Hoy reza por una de ellas, por su nombre.

  4. Petición

    Consuela a las madres que han enterrado a un hijo.
    Amén.

  5. Oración final

    Estaba la Madre dolorosa
    junto a la cruz, llorando,
    mientras pendía su Hijo.

    Virgen de los Dolores,
    haz que lleve en mi corazón
    las llagas de tu Hijo,
    y que no me falte tu compañía
    en la hora del dolor.
    Amén.

Mañana toca el día 7. Vuelve a esta hora.