Día 7 de 9
Séptimo día — El silencio de Nazaret
Oración de todos los días
Jesús, María y José:
vuestra casa tampoco fue fácil.Bendecid la mía tal como está,
con lo que funciona y lo que llevamos años sin arreglar.
Enseñadnos a aguantarnos y a querernos.
Amén.Lectura del día
1 Cántico gradual. 2 Bienaventurados todos aquellos que temen al Señor, que andan por sus santos caminos. 3 Dichoso tú, oh justo; porque comerás en paz el fruto del trabajo de tus manos: y dichoso serás, y todo te irá bien. 4 Tu esposa será como una parra fecunda en el recinto de tu casa: alrededor de tu mesa estarán tus hijos como pimpollos de olivos. 5 Tales serán las bendiciones del hombre que teme al Señor. 6 El Señor te bendiga desde Sión, para que contemples los bienes de Jerusalén, y disfrutes de ellos todos los días de tu vida,
Meditación del día 7
De treinta años no se cuenta nada. La mayor parte de la vida de una familia no es noticia, y ahí está lo bueno.
Este salmo describe una felicidad muy poco espectacular: comer del trabajo de tus manos, una esposa como una parra fecunda en el interior de la casa, los hijos alrededor de la mesa como brotes de olivo. Nada de hazañas: una vida ordinaria bendecida por Dios.
De los treinta años de Jesús en Nazaret, los evangelios no cuentan casi nada. Fueron años de trabajo, comidas en familia, fiestas del pueblo, vecinos, enfermedades y entierros. Y fueron la mayor parte de su vida. Eso dice mucho sobre lo que Dios valora.
Vivimos rodeados de imágenes de vidas extraordinarias: viajes, éxitos, momentos perfectos. Al lado de eso, la propia casa parece aburrida. Pero casi todo lo bueno de una familia ocurre en días que no se recuerdan: un desayuno tranquilo, una tarea hecha juntos, una conversación de camino al colegio. No esperes a las vacaciones o a una fecha especial para estar presente. Hoy, en una cena normal, deja el teléfono a un lado y mira a los que tienes en la mesa.
Petición
Que sepa valorar los años normales,
que son casi todos.
Amén.Oración final
Jesús, María y José,
os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, María y José,
asistidme en mi última agonía.
Jesús, María y José,
que descanse en paz con vosotros.
Amén.
Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.