Día 8 de 9
Octavo día — La casa que recibe
Oración de todos los días
Jesús, María y José:
vuestra casa tampoco fue fácil.Bendecid la mía tal como está,
con lo que funciona y lo que llevamos años sin arreglar.
Enseñadnos a aguantarnos y a querernos.
Amén.Lectura del día
9 El amor sea sin fingimiento. Tened horror al mal y aplicaos al bien: 10 Amándoos recíprocamente con ternura y caridad fraterna. Procurando anticiparos unos a otros en las señales de honor y deferencia. 11 No seáis flojos en cumplir vuestro deber. Sed fervorosos de espíritu, acordándoos que el Señor es a quien servís. 12 Alegraos con la esperanza del premio. Sed sufridos en la tribulación. En la oración continuos. 13 Caritativos para aliviar las necesidades de los santos. Prontos a ejercer la hospitalidad.
Meditación del día 8
En Nazaret había sitio para los vecinos y los parientes. Una familia cerrada se seca.
Pablo enumera rasgos de una comunidad cristiana: un amor sin fingimiento, cariño fraterno, perseverancia en la oración, ayuda a los que pasan necesidad. Y termina con algo muy concreto: practicad la hospitalidad. La fe no se queda dentro de casa; abre la puerta.
La casa de Nazaret no era una burbuja. En los pueblos de entonces, las familias vivían pegadas a parientes y vecinos, compartían el pozo, el horno y las fiestas. El evangelio cuenta que cuando Jesús se perdió en Jerusalén, sus padres pensaron que iba con algún grupo de parientes y conocidos. Había una red de gente alrededor.
Una familia que solo se mira a sí misma termina asfixiándose. Hoy muchas personas viven solas: viudos, mayores, migrantes recién llegados, estudiantes lejos de casa, separados que pasan las fiestas sin nadie. En estas fechas eso se nota más. Piensa en alguien concreto que podría sentarse a tu mesa esta Navidad, o al que podrías llevar un plato. No hace falta una gran cena; basta un sitio más.
Petición
Que en esta casa entre gente:
el que está solo, el vecino, el que necesita algo.
Amén.Oración final
Jesús, María y José,
os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, María y José,
asistidme en mi última agonía.
Jesús, María y José,
que descanse en paz con vosotros.
Amén.
Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.