Día 5 de 9
Quinto día — El trabajo de José
Oración de todos los días
Jesús, María y José:
vuestra casa tampoco fue fácil.Bendecid la mía tal como está,
con lo que funciona y lo que llevamos años sin arreglar.
Enseñadnos a aguantarnos y a querernos.
Amén.Lectura del día
53 Concluido que hubo Jesús estas parábolas, partió de allí. 54 Y pasando a su patria, se puso a enseñar en las sinagogas de sus naturales, de tal manera que no cesaban de maravillarse, y se decían: ¿De dónde le ha venido a Éste tal sabiduría y tales milagros? 55 Por ventura, ¿no es el hijo del artesano o carpintero? ¿Su madre no es la que se llama María? ¿No son sus parientes Santiago, José, Simón y Judas? 56 Y sus primas hermanas, ¿no viven todas entre nosotros? Pues, ¿de dónde le vendrán a Éste todas esas cosas? 57 Y estaban como escandalizados de Él. Jesús, empero, les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su patria y en la propia casa.
Meditación del día 5
Treinta años de taller para mantener la casa. La santidad de la mayoría es eso.
Cuando Jesús vuelve a su pueblo y empieza a enseñar, sus vecinos se escandalizan: ¿no es este el hijo del carpintero? Conocían a su familia, sabían en qué trabajaba José, y no podían imaginar que de un taller de pueblo saliera algo extraordinario.
De la vida de José en Nazaret no sabemos casi nada, salvo que era artesano. La palabra griega del evangelio puede referirse a un carpintero o a un constructor que trabajaba con madera y piedra. Durante años, ese oficio mantuvo la casa, y Jesús lo aprendió. Treinta años de trabajo manual sin brillo alguno.
La santidad de la mayoría de la gente está ahí: en levantarse temprano, coger dos buses, aguantar a un jefe difícil, cumplir con lo que se prometió al cliente. No tiene nada de menor. Pero el trabajo también puede ser injusto: horas sin pagar, contratos que no se cumplen, sueldos que no alcanzan. Dar gracias por el trabajo que sostiene tu casa no impide pedir, y exigir, que sea digno.
Petición
Bendice el trabajo con que se mantiene esta casa.
Amén.Oración final
Jesús, María y José,
os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, María y José,
asistidme en mi última agonía.
Jesús, María y José,
que descanse en paz con vosotros.
Amén.
Mañana toca el día 6. Vuelve a esta hora.