Día 7 de 9
Séptimo día — Por los que se sienten culpables
Oración de todos los días
Oh María, sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a ti.Virgen de la Medalla Milagrosa,
madre de los que sufren:
pon tus manos abiertas sobre esta casa
y sobre los que hoy te encomiendo.
Amén.Lectura del día
3 Ten piedad de mí, ¡oh Dios!, según la grandeza de tu misericordia: y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. 4 Lávame todavía más de mi iniquidad, y limpíame de mi pecado. 5 Porque yo reconozco mi maldad, y delante de mí tengo siempre mi pecado. 6 Contra ti solo he pecado; y cometí lo que a tus ojos es malo: a fin de que, perdonándome, aparezcas justo en cuanto hablas y seas reconocido fiel en tus promesas. 7 Mira, pues, que fui concebido en iniquidad, y que mi madre me concibió en pecado. 8 Y mira que tú amas la verdad: tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría. 9 Rociarásme, Señor, con el hisopo, y seré purificado: me lavarás, y quedaré más blanco que la nieve. 10 Infundirás en mi oído palabras de gozo y de alegría; con lo que se recrearán mis huesos quebrantados. 11 Aparta tu rostro de mis pecados, y borra mis iniquidades. 12 Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón puro, y renueva en mis entrañas el espíritu de rectitud.
Meditación del día 7
«Sin pecado concebida» no es un reproche al que sí ha pecado: es la prueba de que Dios sabe empezar limpio.
El salmo 50, el Miserere, es la oración de alguien que no se justifica. Reconoce su culpa sin rodeos y pide algo enorme: un corazón nuevo, quedar más blanco que la nieve. No pide que Dios mire hacia otro lado, sino que lave.
«Sin pecado concebida» habla de María, pero no para hacer sentir sucio al resto. Dice que Dios es capaz de empezar algo completamente limpio. Y quien puede hacer eso en una criatura puede hacerlo también, de otra manera, en ti: el perdón no es un remiendo, es un comienzo.
Mucha gente se aparta de la Iglesia no por falta de fe, sino por vergüenza: un aborto, una infidelidad, años sin confesarse, algo que nadie sabe. La vergüenza dice «tú no puedes volver». El salmo dice lo contrario. Si llevas tiempo con algo encima, busca un sacerdote que conozcas por su trato humano y pide hablar con calma, fuera de la prisa de la cola del sábado. No tienes que llegar arreglado. Para eso existe el sacramento.
Petición
Madre, llévame a la confesión sin miedo
y quítame la vergüenza que me aparta de Dios.
Amén.Oración final
Oh María, sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a ti.
(tres veces)Virgen de la Medalla Milagrosa,
alcánzanos un corazón sencillo,
manos abiertas
y la gracia de morir en amistad con Dios.
Amén.
Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.