Día 7 de 9

Séptimo día — Compartir lo que hay

  1. Oración de todos los días

    Nuestra Señora de la Divina Providencia:
    tu Hijo duerme tranquilo en tus brazos
    sin saber de qué van a comer mañana.

    Dame esa clase de sueño.
    Provee lo de hoy, que es lo que necesito hoy.
    Amén.

  2. Lectura del día

    1 Reyes 17,10-16

    10 Partió, pues, y se fue a Sarefta, y al llegar a la puerta de la ciudad, encontróse con una mujer viuda que andaba recogiendo leña, y llamándola, le dijo: Dame en un vaso un poco de agua para beber. 11 Yendo ella a traérselo, gritó tras de la mujer, diciéndole: Tráeme también, te ruego, un bocado de pan en tu mano. 12 Vive el Señor Dios tuyo, respondió ella, que pan yo no lo tengo; no tengo más que un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la alcuza; he aquí que estoy cogiendo dos palitos de leña para ir a cocerla para mí y para mi hijo, y comérnosla; y después de consumidos estos residuos moriremos de hambre. 13 Díjole Elias: No temas: anda, ve y haz lo que has dicho; mas primero haz para mí de ese poquito de harina un panecillo, cocido debajo del rescoldo, y tráemelo; que después le harás para ti y para tu hijo. 14 Porque esto dice el Señor de Israel: No vendrá a menos la harina de la ora ni menguará el aceite de la alcuza, hasta el día en que el señor enviará lluvia sobre la tierra. 15 Fuese, pues, la mujer, e hizo lo que Elias le 1 REYES había dicho; y comió Elias, ella y toda su casa. Desde aquel día 16 no faltó nunca harina en la orza, ni se disminuyó el aceite de la alcuza, según lo que había prometido el Señor por boca de Elias.
  3. Meditación del día 7

    La providencia funciona casi siempre por medio de otra persona: alguien que presta, alguien que trae comida.

    La viuda de Sarepta tiene un puñado de harina y un poco de aceite, y está recogiendo leña para hacer el último pan antes de morir de hambre con su hijo. Y llega un extranjero a pedirle que primero le dé a él. Lo razonable era decir que no. Ella compartió, y la harina no se acabó.

    La historia no enseña que, si das, Dios te devuelve multiplicado, como predican algunos para recoger diezmos. Enseña algo más humilde: que en tiempos de escasez la providencia pasa de mano en mano. Elías dependió de una viuda pobre; la viuda dependió de la palabra de Elías. Ninguno se salvó solo.

    Casi todos podemos contar una vez en que alguien nos prestó, nos llevó comida, nos dio un trabajo o nos dejó quedarnos en su casa. Esas personas fueron la Providencia para nosotros, aunque no lo supieran. Hoy te toca preguntarte para quién puedes serlo tú esta semana. No tiene que ser mucho: lo que tienes en la alcuza suele alcanzar para dos.

  4. Petición

    Hazme instrumento de tu providencia para alguien esta semana.
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Nuestra Señora de la Divina Providencia,
    patrona de Puerto Rico:
    ruega por nosotros,
    y que no nos falte el pan ni la esperanza.
    Amén.

Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.