Día 8 de 9

Octavo día — Por los ancianos solos

  1. Oración de todos los días

    Nuestra Señora de la Divina Providencia:
    tu Hijo duerme tranquilo en tus brazos
    sin saber de qué van a comer mañana.

    Dame esa clase de sueño.
    Provee lo de hoy, que es lo que necesito hoy.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 70,17-20

    17 Mi boca predicará tu justicia todo el día, y la salud que de ti viene. Aunque no sé contarlas, 18 entraré a decir las proezas del Señor: de tu justicia sin igual, Señor, haré memoria. 19 Tú, oh Dios, fuiste mi maestro desde mi tierna edad; y yo publicaré tus maravillas que he experimentado hasta ahora 20 Y tú, oh Dios, en mi vejez y edad decrépita no me desampares: a fin de que anuncie el poder de tu brazo a toda la generación que ha de venir;
  3. Meditación del día 8

    En la isla hay barrios enteros de gente mayor cuyos hijos están fuera.

    El salmista mira hacia atrás y cuenta lo que Dios hizo con él desde la juventud. Y después pide lo que piden todos los viejos: «en mi vejez y edad decrépita no me desampares». Sabe que la memoria de lo vivido no quita el miedo a quedarse solo.

    Puerto Rico es hoy una de las poblaciones más envejecidas de América, en buena parte porque los jóvenes se fueron. Hay pueblos donde abundan las casas con una sola persona mayor dentro, que depende de un vecino para ir al médico o de una llamada desde Orlando para saber que alguien se acuerda. Lo mismo pasa en muchos barrios de Latinoamérica y de España.

    La soledad de los viejos no se arregla con una oración general. Se arregla con alguien que toca la puerta. Si tienes padres o abuelos lejos, organiza con tus hermanos quién llama cada día. Si hay una persona mayor sola en tu edificio o en tu calle, preséntate, deja tu número, ofrécete para algo concreto. Muchos no lo pedirán nunca. Por eso hay que ofrecerlo.

  4. Petición

    Acompaña a los viejos que viven solos
    y mándales alguien que les toque la puerta.
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Nuestra Señora de la Divina Providencia,
    patrona de Puerto Rico:
    ruega por nosotros,
    y que no nos falte el pan ni la esperanza.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.