Día 8 de 9

Octavo día — La muerte serena

  1. Oración de todos los días

    Virgen de la Asunción,
    llevada al cielo en cuerpo y alma:
    recuérdame que mi cuerpo también importa.

    Cuida el mío, que ya me avisa;
    y dame esperanza de lo que no se ve.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lucas 2,28-32

    28 tomándole Simeón en sus brazos, bendijo a Dios, diciendo: 29 Ahora, Señor, saca en paz de este mundo a tu siervo, según tu promesa. 30 Porque ya mis ojos han visto al salvador que nos has dado: 31 al cual tienes destinado para que, expuesto a la vista de todos los pueblos, 32 sea luz brillante que ilumine a los gentiles, y gloria de tu pueblo de Israel.
  3. Meditación del día 8

    La tradición oriental llama a esto la Dormición: se habla de dormirse, no de terminar.

    Simeón tiene al niño en brazos y le dice a Dios que ya puede irse en paz, porque sus ojos han visto la salvación. No es un hombre que se rinde; es alguien que siente que su vida se ha cumplido. Puede morir porque ha visto lo que esperaba. La Iglesia reza sus palabras cada noche, antes de dormir.

    Las Iglesias de Oriente llaman a esta fiesta la Dormición: hablan de María que se duerme, rodeada de los apóstoles según la tradición, y no de un final. Es otra manera de mirar la muerte, sin negarla. Mucha gente hoy muere sola, en una cama de hospital, entre máquinas, sin que nadie les haya dicho que se están muriendo. Pedir una muerte serena es pedir cosas concretas: que te digan la verdad a tiempo, que haya cuidados paliativos que quiten el dolor, que estén los tuyos, que puedas recibir los sacramentos y despedirte. Habla de esto con tu familia antes de que haga falta.

  4. Petición

    Danos una muerte serena, en paz contigo
    y acompañados por los nuestros.
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Virgen Asunta al cielo,
    ruega por nosotros
    y alcánzanos la esperanza de la resurrección,
    cuerpo y alma, como tú.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.