
Próculo, Eutiques y Acucio fueron tres cristianos de Pozzuoli, en la Campania (Italia), que murieron mártires a comienzos del siglo IV, durante la persecución de Diocleciano. Su memoria está estrechamente unida a la del obispo san Jenaro de Benevento, el célebre patrono de Nápoles, con quien compartieron el martirio. Los relatos sobre ellos proceden de actas redactadas siglos después, por lo que muchos detalles son inseguros, aunque el culto es muy antiguo.
Según la tradición, Jenaro se encontraba en la zona de Pozzuoli visitando a los cristianos cuando fue detenido el diácono Sosio de Miseno. El obispo, con el diácono Festo y el lector Desiderio, acudió a visitarlo en prisión y fue arrestado también. Próculo, diácono de la Iglesia de Pozzuoli, y dos laicos de la ciudad, Eutiques y Acucio, protestaron públicamente por la condena de los prisioneros, y por ello fueron detenidos y condenados con ellos. Todos fueron decapitados hacia el año 305 en las cercanías de Pozzuoli, en la zona volcánica de la Solfatara.
Tras su muerte, los cristianos recogieron sus cuerpos y les dieron sepultura en Pozzuoli. Próculo se convirtió en el patrono de la ciudad, y la catedral de Pozzuoli, situada en el antiguo barrio del Rione Terra sobre un templo romano, está dedicada a él. Los tres mártires se recuerdan el 18 de octubre y son venerados especialmente en la diócesis de Pozzuoli.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.