San Teopompo
Obispo y mártir (s. IV) Gobernaba su grey en tiempo del Emperador Diocleciano, siendo su gobernador Daciano, quienes con sus mandatos obligaban a los cristianos a adorar a los falsos dioses.
La leyenda narra, resaltando la grandeza de Dios y la fidelidad del obispo santo frente a la debilidad patente del grandioso y cruel mandatario Daciano, que prosiguió éste intentando vengar la fuerza pertinaz de la divinidad y que mandó azotar y despeñar el cuerpo de Teopompo, rematándolo -cuando ya no hacía falta- con el degollamiento, separando de su cuerpo la cabeza con la espada.
Su entrada triunfal ocurrió el mismo día de su celebración al ser para él el «dies natalis».De este modo quiso Dios premiar a las dos Nertóbrigas romanas, a Fregenal teniendo un insigne Prelado y a Almuña o Ricla como lugar de su martirio.
El obispo Fray Francisco de Rois, previa consulta al Cabildo, se dirige a los primeros teólogos, maestros y catedráticos de la Universidad de Salamanca para que dictaminaran sobre las Santas Reliquias de San Teopompo, los que respondieron afirmativamente, «nemine discrepante». En efecto, el 6 de Julio de 1670 se concede, según las normas de San Pio V y Gregorio XIII, la celebración con misa y oficio del común, el 21 de Mayo.
La Vita Sanctorum adorna con descripción viva, una vez más y según el estilo que caracteriza a este género literario, el hecho de que alguien muriera por su fe, resistiendo la injusta violencia del poderoso. Teopompo, obispo y mártir, es el modelo y su amor a Jesucristo hasta la muerte, la lección. Los modos importan menos; sólo intentan ayudarnos a ser fieles siempre, sobre todo al ponerse cuesta arriba nuestro caminar, porque no es infrecuente contemplar -teste historia- el «cambio de chaqueta» cuando se mudan los aires y vivir en cristiano se torna difícil.
Oración
Oremos
Himno
Oh Dios, que eres el premio, la corona
Y la suerte de todos tus soldados,
Líbranos de los lazos de las culpas
Por este mártir a quien hoy cantamos.
Él conoció la hiel que está escondida
En la miel de los goces de este suelo,
Y, por no haber cedido a sus encantos,
Está gozando los del cielo eterno.
Oh piadosísimo Señor de todo,
Te suplicamos con humilde ruego
Que, en el día del triunfo de este mártir,
Perdones los pecados de tus siervos.
Gloria eterna al divino Jesucristo,
Que nació de una Virgen impecable,
Y gloria eterna al Santo Paráclito,
Y gloria eterna al sempiterno Padre. Amén
Proclamamos, Señor, tu poder y humildemente te pedimos que, así como concediste a San Teopompo, obispo, ser fiel imitador de la pasión de Cristo, así nos otorgues a nosotros que la fortaleza que manifestó en su martirio sea sostén de nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Fuente de la biografía: Evangelizo.org.