San Hospicio fue un ermitaño que vivió en el siglo VI cerca de Niza, en la actual Costa Azul francesa. Lo conocemos sobre todo por el obispo e historiador san Gregorio de Tours, que lo describe llevando una vida de penitencia extrema: vestido con un áspero cilicio, ceñido de cadenas y recluido en una torre, alimentándose apenas de pan, dátiles y raíces. Junto a su refugio se formó una comunidad de monjes que acudía a él en busca de consejo espiritual.
Según el mismo relato, Hospicio anunció la llegada de los longobardos, que en efecto invadieron la región hacia el año 574. Cuando los invasores llegaron a su torre, se cuenta que quisieron matarlo, pero que, impresionados por su vida, lo dejaron en paz, y que algunos de ellos se convirtieron. La tradición le atribuye además curaciones y otros prodigios.
Murió hacia el año 581. Su nombre quedó unido a la península de Saint-Jean-Cap-Ferrat, donde se encuentra la punta de Saint-Hospice y una capilla dedicada a él, cerca de su antiguo retiro. Se le venera en la diócesis de Niza y su fiesta se celebra el 21 de mayo.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.