Catalina de Cardona fue una ermitaña española del siglo XVI, nacida hacia 1519 en el seno de la poderosa casa catalana de los Cardona, emparentada con la nobleza de Nápoles, donde pasó parte de su juventud. Huérfana desde temprano, su destino parecía ser el de una dama de corte, y así fue durante años: llegó a la corte de Felipe II, donde trató con la princesa de Éboli y estuvo vinculada a la educación de los jóvenes príncipes de la familia real.
Sin embargo, desde muy joven había sentido inclinación por la vida retirada, y en su madurez la siguió de manera radical. Abandonó en secreto la corte y se refugió en una cueva en tierras de La Roda, en la actual provincia de Albacete, donde vivió durante años en soledad, con grandes ayunos y penitencias, a la manera de los antiguos anacoretas del desierto. Su fama atrajo a muchos visitantes, y junto a su retiro se levantó un convento de carmelitas descalzos, con los que mantuvo estrecha relación y cuyo hábito vistió.
Santa Teresa de Jesús, que la conoció, habla de ella con admiración en el libro de las Fundaciones, como ejemplo de penitencia y de amor a la soledad. Catalina murió en 1577 cerca de su cueva. Aunque la tradición carmelitana la llama beata, su figura es sobre todo la de una mujer que cambió los salones de la corte por el silencio, y su memoria sigue viva en La Roda y en la familia del Carmelo.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.