
Sabino fue obispo de Canosa, en Apulia, en el sur de Italia, durante el siglo VI. Su historia se ha mezclado con la de otros santos del mismo nombre y está recargada de leyendas, pero algunos datos parecen seguros. Nació en Canosa a finales del siglo V y fue elegido obispo de su ciudad hacia el año 514, en una época marcada por la guerra entre bizantinos y ostrogodos en Italia.
En 536 el papa Agapito I lo llevó consigo a Constantinopla, donde participó en el sínodo presidido por el patriarca Menas que condenó al patriarca depuesto Antimo, acusado de monofisismo, la doctrina que reducía la humanidad de Cristo. San Gregorio Magno, en sus Diálogos, lo presenta como amigo de san Benito de Nursia y cuenta que este le habría anunciado que Roma no sería destruida por el rey godo Totila. Se le atribuyen además la construcción y restauración de varias iglesias en Canosa, de las que se conservan restos.
Murió muy anciano, hacia el año 566. En el siglo IX, ante la amenaza de las incursiones sarracenas, sus reliquias fueron trasladadas a Bari, donde se veneran en la cripta de la catedral, dedicada también a él. Es patrono de Canosa y copatrono de Bari, y su memoria se celebra el 9 de febrero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.