
Paulino nació en Aquitania, en la Galia, a comienzos del siglo IV, y fue discípulo de san Maximino, obispo de Tréveris, al que sucedió en esa sede hacia el año 346. Tréveris era entonces una de las capitales del Imperio romano y residencia frecuente de la corte. Allí había vivido desterrado san Atanasio de Alejandría, el gran defensor de la fe del concilio de Nicea frente al arrianismo, y Paulino se convirtió en uno de sus más firmes apoyos.
El emperador Constancio II, favorable a los arrianos, quiso obtener de los obispos de Occidente la condena de Atanasio. En el sínodo de Arlés, en 353, Paulino se negó a firmarla pese a las presiones, y fue el único que resistió hasta el final. Por ello fue depuesto y desterrado a Frigia, en Asia Menor, a un lugar remoto donde apenas había cristianos. Atanasio lo llamó «hombre verdaderamente apostólico».
Murió en el exilio hacia el año 358, debilitado por las privaciones, y por eso la Iglesia lo venera como mártir. Sus restos fueron llevados a Tréveris a finales del siglo IV por el obispo Félix y depositados en la iglesia que hoy lleva su nombre, la basílica de San Paulino, reconstruida en el siglo XVIII en estilo barroco. Su memoria se celebra el 31 de agosto.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.