
Pablo nació en Tesalónica, en Grecia, a comienzos del siglo IV. Siendo joven fue secretario y diácono del obispo Alejandro de Constantinopla, quien, al morir hacia el año 336, lo recomendó como sucesor. Fue elegido obispo de la capital del Imperio de Oriente en un momento de fuertes tensiones entre los defensores de la fe del concilio de Nicea y los partidarios del arrianismo, que negaba la plena divinidad de Cristo.
Los arrianos, que habían apoyado la candidatura del diácono Macedonio, consiguieron que el emperador Constancio, favorable a sus posiciones, lo depusiera. Su sede pasó a Eusebio de Nicomedia, uno de los líderes del partido arriano. Pablo fue desterrado varias veces y otras tantas regresó a su sede, a veces con el apoyo del papa Julio I y del emperador de Occidente, Constante, en medio de disturbios que llegaron a causar muertes en Constantinopla. Compartió en algunos momentos destierro y causa con san Atanasio de Alejandría.
Finalmente Constancio lo desterró a Cucuso, una pequeña localidad de Capadocia, en la actual Turquía. Según el testimonio de los historiadores antiguos, allí fue estrangulado por partidarios de sus adversarios, hacia el año 350, por lo que la Iglesia lo venera como mártir. En 381 el emperador Teodosio hizo trasladar sus restos a Constantinopla. Su memoria se celebra el 6 de noviembre, tanto en la Iglesia católica como en las Iglesias orientales.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.