
San Pablo Chong Ha-sang fue uno de los laicos que sostuvieron a la Iglesia de Corea en los años en que no tenía sacerdotes. Nació en 1795 en una familia noble y cristiana. Su padre, Agustín Chong Yak-jong, autor de un catecismo en coreano, murió mártir en la persecución de 1801, junto con el hermano mayor de Pablo. La familia quedó en la pobreza, y Pablo creció junto a su madre, santa Cecilia Yu, y su hermana, santa Isabel Chong, que también serían mártires.
Desde joven se propuso conseguir sacerdotes para su pueblo. Viajó en numerosas ocasiones a Pekín, en condiciones durísimas, como criado de las embajadas coreanas, para pedir al obispo misioneros, y escribió al papa solicitando ayuda. Sus esfuerzos contribuyeron a que en 1831 se creara el vicariato apostólico de Corea y a que llegaran los misioneros franceses. El obispo Lorenzo Imbert lo preparó para el sacerdocio, pero la persecución lo impidió.
Fue arrestado en 1839 y, ante el tribunal, presentó un escrito en defensa de la fe cristiana. Fue decapitado en Seúl el 22 de septiembre de 1839, a los cuarenta y cuatro años. Con él se recuerda a san Agustín Yu Chin-gil, intérprete oficial que lo había acompañado en sus viajes a China, ejecutado ese mismo día. Ambos fueron canonizados por Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984, entre los 103 mártires de Corea.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.