
Octavio es venerado junto con Solutor y Adventor como los mártires de Turín, en el Piamonte, en el norte de Italia. Su culto es muy antiguo: a comienzos del siglo V, san Máximo, obispo de Turín, les dedicó un sermón en el que invitaba a sus fieles a honrar de manera especial a los mártires que habían derramado su sangre en su propia ciudad. Ese sermón demuestra que su memoria estaba bien establecida, aunque no aporta datos concretos sobre su vida ni sobre las circunstancias de su muerte.
Una tradición posterior los identificó como soldados de la legión tebana, el cuerpo de soldados cristianos procedente de Egipto cuyo martirio se recordaba en Agauno, en los Alpes suizos. Según esa leyenda, los tres habrían escapado de la matanza de su legión y habrían sido alcanzados y ejecutados cerca de Turín. Los historiadores consideran que esta conexión es tardía y que lo único seguro es su martirio en la ciudad, probablemente durante las persecuciones de finales del siglo III o comienzos del IV.
Los tres mártires son patronos de Turín, y su culto ha tenido una gran presencia en la ciudad a lo largo de los siglos. En el siglo XVI los jesuitas levantaron en su honor la iglesia de los Santos Mártires, en el centro histórico, donde se conservan sus reliquias y que es uno de los templos más notables del barroco turinés.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.