
Narciso fue obispo de Jerusalén a finales del siglo II y comienzos del III. Lo que conocemos de él procede casi por entero del historiador Eusebio de Cesarea, que le dedicó varias páginas de su Historia eclesiástica. En aquella época la comunidad cristiana de Jerusalén estaba formada ya por fieles de origen pagano, después de que el emperador Adriano expulsara a los judíos de la ciudad, rebautizada como Aelia Capitolina.
Según Eusebio, Narciso presidió junto con otros obispos de Palestina un sínodo que, en sintonía con el papa san Víctor, estableció que la Pascua debía celebrarse siempre en domingo. Eusebio recoge también tradiciones de la Iglesia de Jerusalén sobre él: que una noche de Pascua, al faltar aceite para las lámparas, hizo traer agua y esta se convirtió en aceite, y que, tras ser calumniado por algunos fieles, se retiró a vivir en soledad durante años, hasta que regresó y fue repuesto en su sede.
Siendo ya muy anciano, recibió como colaborador a Alejandro, un obispo de Capadocia llegado como peregrino, que lo ayudó en el gobierno de la diócesis y después le sucedió; es uno de los primeros casos conocidos de un obispo coadjutor. Según una carta de Alejandro citada por Eusebio, Narciso llegó a cumplir ciento dieciséis años. Su memoria se celebra el 29 de octubre.
Oración
Señor, tú que colocaste a San Narciso en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Biografía: redacción de Misa de Hoy. Oración: Evangelizo.org.