Abrahán, llamado a veces Abrahán Kidunaia, fue un ermitaño de la región de Edesa, en la antigua Mesopotamia, en la actual Turquía, que vivió en el siglo IV. Su vida fue narrada en lengua siríaca en un texto atribuido tradicionalmente a san Efrén, el gran poeta y diácono de Edesa, lo que la convirtió en una de las historias monásticas más leídas de la Antigüedad.
Según ese relato, nació en una familia rica y sus padres lo comprometieron en matrimonio. Él, que deseaba consagrarse a Dios, huyó al final de las fiestas de bodas y se encerró en una pequeña celda cerca de la ciudad, con una sola ventana por la que recibía el alimento. Al morir sus padres pidió a un amigo que repartiera la herencia entre los pobres y vivió durante décadas en gran pobreza, oración y penitencia. A petición del obispo de Edesa, aceptó ser ordenado sacerdote para predicar en una aldea pagana, Beth-Kiduna, que había rechazado el Evangelio; tras años de paciencia y de sufrir malos tratos, logró que sus habitantes se convirtieran, y luego volvió a su soledad.
La parte más conocida de su historia es la de su sobrina María, a la que había educado en la vida ascética y que abandonó ese camino; Abrahán, disfrazado, fue a buscarla a la ciudad y la ayudó a volver y a hacer penitencia, y ella es también venerada como santa. Abrahán murió en paz, ya anciano, y es recordado en las Iglesias de Oriente y de Occidente.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.