San Julián nació en Burgos en 1127. Tras la muerte de sus padres vivió un tiempo retirado en oración, junto a un monasterio de su ciudad, mientras se preparaba para el sacerdocio. Ordenado sacerdote, se dedicó a la predicación por diversas regiones de los reinos cristianos de la península y llegó a ser arcediano de Toledo.
Cuenca había sido conquistada a los musulmanes por el rey Alfonso VIII en 1177, y poco después se creó allí una nueva diócesis. Julián, que tenía ya más de sesenta años, fue nombrado su segundo obispo. Gobernó la diócesis en una tierra de frontera que debía reorganizarse, y visitaba con frecuencia sus parroquias, incluso las aldeas más pequeñas. Se distinguió por su vida sencilla y por su generosidad: repartía entre los pobres las rentas de la Iglesia, visitaba a los enfermos y, según la tradición, se ganaba parte del sustento trabajando con sus manos, tejiendo cestas de mimbre que luego vendía.
Murió en Cuenca el 28 de enero de 1208. Su sepulcro en la catedral se convirtió pronto en lugar de devoción, y en 1518 sus restos fueron trasladados con gran solemnidad. Es patrono de Cuenca y de su diócesis, y la ciudad lo celebra con especial devoción.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.